Pensador April 2026 | Page 18

¿ Un futuro sin toros?

IVOR STARKEY

Ver los toros, nos dijo Hemingway, es como emborracharse por primera vez. Al principio no nos gusta para nada ni el sabor ni el sentido, pero nos acostumbramos, y nos damos cuenta de que no puede ser de otra manera. Después de poco tiempo queremos probar diferentes sabores, marcas y tipos de alcohol, y se descubre un nuevo mundo de ilusiones. Así es con los toros: una introducción quizás incómoda, pero emocionante y seductora. Espero que este artículo sirva como introducción breve al mundo taurino, delineando su historia, explicando los tipos distintos y aclarando el debate presente.
Nadie sabe exactamente de dónde viene este espectáculo, que en España se llama los toros o la corrida de toros, y en Francia lleva el nombre de la bouvine. Solo se sabe que la tradición en la cual un hombre se pone cara a cara con un toro es muy, muy antigua. Me imagino que, poco tiempo después de tomar consciencia de sí mismo, el primer hombre miraba a una manada de ganado y de repente sintió el ansia de acercarse, saltar por encima de los animales y quedarse quieto mientras lo atacaban.
Pero el hecho de cómo la lucha con los toros se convirtió en un arte y cómo este arte surgió en España se ha perdido en la niebla de la historia. Existen tres tesis principales: la del circo romano, la de un origen moro y la que postula un origen nativo. La primera afirma que la corrida de toros tuvo lugar en el Imperio romano y que se trasladó a España a través de la propagación de religiones ocultas, como el mitraísmo, en la que el símbolo del toro ocupaba un lugar central. La de un origen moro sostiene que las tribus bereberes introdujeron una tauromaquia primitiva cuando invadieron la península. Por su parte, la de un origen nativo, defiende la idea de que la corrida de toros siempre ha existido en España y se desarrolló sin influencia extranjera.
Sea cual sea el origen, la crónica muestra que al héroe nacional de España, El Cid, le gustaba cazar toros con una lanza, una práctica antecesora a la de los picadores modernos. En el siglo XVIII, el rondeño Francisco Romero introdujo la muleta, el capote pequeño, y popularizó la costumbre de lidiar toros a pie, dejando atrás la tradición de montarlos. Poco a poco se consolidó la ortodoxia taurina que hoy conocemos como la corrida clásica.

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