Número 6 del fanzine "Fuenlabrada Libertaria" Julio 2020 | Page 6

a nuestro alrededor y compararnos con la población de otros territorios del planeta, como pueden ser los zapatistas o los mapuches. Es, precisamente, mediante la educación de adultos y menores de edad, juntos, en otros espacios distintos a los de la Escuela, cómo podremos modificar la percepción que tenemos del mundo y cambiar nuestro comportamiento. Sin embargo y paradójicamente, como viene siendo habitual, es la infancia -su falta de educación ecológica- a la que se la culpabiliza de lo que en realidad hacen las élites adultas; extractivismo, explotación laboral, quema de combustibles fósiles, colonialismo, acumulación de riquezas y generación de pobreza… En resumen; hay ecocidio y cambio climático porque no se les ha enseñado a los niños y niñas en el colegio cómo evitarlo, no porque los amos del mundo, a través de la industrialización, la hayan provocado. Nótese lo retorcido del argumento. Por un lado, en esos ateneos ecológicos podremos formarnos acerca de la crisis ecológica planetaria en la que ya nos hallamos; un ecocidio en marcha (cambio climático, desertificación, acidificación de océanos, pérdida de biodiversidad, aumento de dióxido de carbono en la atmósfera…) ante el que debemos erigir cuanto antes un aprendizaje anticipatorio con la idea de, si no frenarlo –algo que parece ya imposible-, sí al menos prepararnos para afrontar esa destrucción de la biosfera, conociendo cuáles son las verdaderas causas de su deterioro. Por otro lado no está de más recordar que hemos entrado ya en una etapa que se va a caracterizar por un descenso energético y una escasez de determinados minerales sin precedentes. En ese sentido estos espacios de aprendizaje nos permitirán conocer cuáles son las implicaciones que tiene ese descenso energético y la escasez de esos materiales en “nuestras comodidades” actuales o, dicho de otro modo: cómo será nuestra vida con muchos menos esclavos energéticos per cápita que los actuales. A muchos y muchas la actual pandemia de coronavirus les ha hecho abrir los ojos y ser conscientes de que es posible que se produzcan grandes cambios en nuestra cotidiana, cambios hasta hace pocos meses inimaginables para la gran mayoría de la población. Es hora ya de que los de y las de abajo nos informemos unos a otros, ya que no lo hacen los massmedia, de que el descenso energético en el que ya hemos entrado nos conduce a cambios mucho más drásticos. Todo eso nos servirá para diseñar otra forma de vida, distinta a la actual, basada en la igualdad y el respeto por la biosfera. En ese proceso no desdeño la posibilidad de recurrir a numerosas instituciones científicas estatales que existen en la actualidad como son institutos de investigación, grandes laboratorios, sofisticados observatorios, agencias gubernamentales o diversas asociaciones científicas, siempre que éstos no estén al servicio de la banca, ni del sector de la construcción, ni de las grandes industrias del sector energético, ni tampoco al servicio de las industrias de las energías renovables que tanto promueve el nuevo capitalismo verde. En muchas ocasiones para entender lo que le está sucediendo al planeta, y de cara a tomar medidas de gran envergadura, es necesario disponer de muchos datos que proceden de este tipo de enormes instalaciones, y por desgracia, actualmente, éstas no están al alcance del movimiento popular. De modo que los movimientos sociales han de fiarse de sus gestores actuales, a pesar de depender de la casta política que dirige el Estado. Un último detalle: en estos centros de aprendizaje convivencial no estaría de más que disponer, por cierto, de buenas traducciones al árabe y al chino