nº 1 -Boletín Oficial FEDDF 7 - BOLETÍN FEDDF julio 2016 | Page 19

BOLETÍN ELECTRÓNICO “FEDDF” PASIÓN POR EL DEPORTE Tenía razón la enfermera cuando me ha dicho que hacía un día estupendo para salir al jardín. He sido un poco desconfiado y no tenía muchas ganas, pero es que en alguna otra ocasión que me lo recomendó, ni con abrigo y bufanda podía soportar el frío que se metía en mis huesos a los pocos minutos de respirar ese aire, verdaderamente, purificador. Pero sí, hoy tenía razón. Este sol que parezco sentir en la cara, en mis brazos y el olor a primavera, realmente reconfortan el espíritu. Además hoy, Elena no parecía tener tanta prisa y en un ataque de profesionalidad, me ha preguntado, aun sabiendo que no le podía responder, donde me dejaba. Y además, ha adivinado que poder ver la puerta de la calle es una auténtica situación de privilegio. Ver algún repartidor, o el cartero que casi siempre tiene un alegre ¡buen día! para todos, algún familiar… son diversiones nada desdeñables. En cualquier caso, hoy es uno de esos grandes días, donde al esplendor del jardín se une al pulular de la gente. Gente que parece feliz, que me saluda por mi nombre, con esa confianza a la que, parece, invita la apartada desgracia. Ese saludo con animada musicalidad que no busca respuesta, porque no la va a encontrar. Ese saludo que surge de la bondad y del amor que inspiramos los pobres inofensivos, desde nuestra inmovilidad en las sillas de ruedas. Un día de esos en que las horas de la mañana pasan, como sin atascarse. Una mañana que será completa cuando venga mi madre a darme de comer y al fin pueda liberarme el ojo de algo cálido que me impide ver por ese lado, y que ha caído desde el jolgorio primaveral que los gorriones han montado entre las ramas que me entierran. Y es que, a veces, la mujer está tan agobiada de trabajo que me ha dejado mirando al viejo muro de grandes piedras adornadas con rancio musgo, que rodea la residencia. Tremendo paredón para que nadie entre, para que nadie salga. Como si alguien tuviera fuerzas para salir o deseos de entrar. Pasar las horas con ese horizonte, deja demasiado tiempo al pensamiento y luego, la enfermera, tiene que darme, por mi bien, para aliviar el desasosiego que se me pone, una de esas pastillas que me dejan huir, dormido, algunas horas más. 19