nº 1 -Boletín Oficial FEDDF 7 - BOLETÍN FEDDF julio 2016 | Page 18

BOLETÍN ELECTRÓNICO “FEDDF” PASIÓN POR EL DEPORTE POR PORFIRIO HERNÁNDEZ Vicepresidente FEDDF ¡Quién me iba a decir que aquel artículo cambiaría tanto mi vida! Nunca pude responder que mi infancia fuera triste o dolorosa o impresionante, a las muchas veces que me lo han preguntado. La polio me convirtió en ese niño distinto que en el barrio todo el mundo quería, con ese aire protector. Mi barrio era de los que, los del centro, calificaban de peligrosos. Sin embargo, nunca he encontrado, ni creo que encontraré, ni aún en esta cárcel que vivo, un sitio más seguro para mi. Cualquier apariencia, no ya de agresión, sino de simple menosprecio, era respondido, ahora sí, violentamente por cualquier vecino que la observara. Estudié en colegio de pago, pero no era un lumbrera. Creo que algún aprobadillo llevaba un plus de conmiseración. Me llevaban y traían en un coche de niños, hasta que fui capaz de hacerlo por mis propias muletas. Pronto hablé con él y al día siguiente hice mi primer entrenamiento. No puedo explicar lo que sentí. Fui a casa como si estuviera enamorado y eso que ni de lejos podía imaginar lo que me esperaba. Porque no se me dio mal y pronto ocupé un puesto destacado. Por una vez me sentía valorado como yo era, no por el mérito que tenía haciendo lo que fuera, sino porque hacía bien lo que hacía. Y encima me divertía. A partir de ahí todo fue un sueño. La ficha por un equipo de los buenos, primera llamada de la selección, aquel sobre no lo olvidaré nunca….creo que por ahí debe estar guardado. Campeonato de Europa, del Mundo y sí, sí, también, las Paralimpiadas. Fue larga mi vida deportiva. A los 46 años ya dije que se acabó, la verdad, poco antes de que me lo dijeran. Fueron muy emocionantes los homenajes, las despedidas, tanto cariño…hasta el Alcalde me vino a despedir. “Llámame si necesitas algo", creo que fue la frase que más veces me repitieron en esas semanas. Pero, aunque no puedo decir que no fuera feliz, al menos todo lo razonable que la situación permitía y eso que pusieron enorme entusiasmo con amargarme la fiesta, operaciones, escayolas, sesiones interminables en fisioterapia, en ortopedias….,sí que me faltaba algo que miraba con un deseo casi pecaminoso. Quería jugar al futbol. Pero pasaron los días y de pronto todo el mundo había desaparecido. Y cuando no, les pillaba en un mal momento. Sin trabajo, de vuelta al barrio, a casa de los padres. Pero ya no era el niño querido, sino el minusválido molesto. Tampoco era el barrio seguro de antaño. Todo se tambaleaba a mi alrededor. Tal fue mi deseo que acabé haciéndolo. Le arreaba al balón con las muletas y así, con los amigos, la pasaba. Y esto estaba bien. Pero conseguido, algo me dejaba la satisfacción incompleta. No podía jugar en ningún equipo. Siete años que ahora sí, puedo calificar de tristes, dolorosos e impresionantes, porque si el tedio, el alcohol, el tabaco y la soledad fueran poco, hace año y medio tuve una embolia cerebral. Sobre mi cuerpo dañado, se paralizó casi todo lo que antes se movía. Sí, fue ojeando el periódico que vi, en una gran foto, la cara del vendedor de la ONCE entre otro montón de rostros sonrientes apiñados hacia la cámara. Se les veía felices. No recuerdo mucho del artículo. Presentaban un equipo de baloncesto en silla de ruedas de la ciudad vecina. Y él estaba allí. No era de fútbol, pero era un equipo. 18