nº 1 -Boletín Oficial FEDDF 6 - BOLETÍN FEDDF ABRIL 2016 | Seite 22
BOLETÍN ELECTRÓNICO “FEDDF” PASIÓN POR EL DEPORTE
Fue largo o al menos lo pareció. Poco a poco las primeras
voces de protesta se fueron tornando en calurosas
discusiones sobre cómo hacerlo, si por sorteo o dirigido,
por votación...
Durante la competición nada parecía distinto. Bueno sí.
Extrañas amistades, animadores que no sabían a quien
animar, equipos raros... pero las pequeñas batallas se
desarrollaban tan encarnizadas como siempre.
Como nunca, aunque lo pareciera, no era una
competición más. En el ambiente flotaba algo
indescriptible que se sentía pero nadie sabía explicar.
Y lo inexplicable apareció al final. Aunque ganar ya no
parecía lo importante, si que se convirtió en la explicación
de eso que se sentía. En el cuadro de los mejores, en el
puesto más alto de ese cuadro, aparecía mi compañero,
nada extraño, pero junto a él su compañera de equipo.
Teresita. Y esto sí que era especial.
Teresita era una mujer de más de cuarenta años, delgada
hasta la exageración, menuda y bajita. Vamos, que había
que esforzarse para verla. Su piel siempre morena un
poco curtida y plegada, como si pasara horas al aire libre
sometida a un implacable sol. Y sobre ese menudo cuerpo
una cabeza quizá un poco desproporcionada, ponía cara a
una mujer mayor, morena, llena de arrugas, de ojos vivos
en su expresión, misteriosos e inescrutables, como ella
misma. Mujer enigmática donde las hubiere, de hecho,
nunca nadie sabía qué hacía o dónde estaba, tampoco se
relacionaba mucho, aunque nadie diría que fuera una
mujer solitaria. Llevaba mil años jugando sin perderse una
sola competición y en los más de veinte años que la
recuerdo, no creo que mejorara sensiblemente. Pero lo
que en ella destacaba por encima de todo era su amplia y
generosa sonrisa. Su eterna sonrisa. Sonreía siempre.
Sonreía para todo. Para un saludo, para un fallo, para un
acierto, al cruzarse... Esa eterna sonrisa que no se borraba
ni con la tenaz persistencia de los malos resultados.
Pues ese día hasta esa sonrisa cambió. Ya no era
sonrisa. Era una gigantesca sonrisa que no cabía en
cara. Era LA SONRISA encima de su silla de ruedas.
enorme sonrisa de todos. La sonrisa por tener
sensación de haber hecho algo especial.
su
su
La
la
Cuando en el altavoz sonó su nombre como ganadora del
torneo, la ovación fue de las que hacen historia. Gritos,
aplausos, silbidos... incluso más de una lagrimilla salió a
festejar el evento.
Semanas después seguíamos intercambiándonos correos
comentando lo ocurrido. Incluso se publicó en la revista
oficial de tenis de mesa. Habíamos descubierto que lo que
a veces parece una locura, también funciona, incluso en la
práctica.
Nunca más se ha repetido.
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