nº 1 -Boletín Oficial FEDDF 6 - BOLETÍN FEDDF ABRIL 2016 | Page 21
BOLETÍN ELECTRÓNICO “FEDDF” PASIÓN POR EL DEPORTE
UNA
COMPETICIÓN
DIFERENTE
POR PORFIRIO HERNÁNDEZ
Vicepresidente FEDDF
Como siempre aquella furgoneta era un pequeño
hormiguero de deportistas donde parecía reinar el
mayor de los desórdenes, el caos total. Pero en
realidad, como en todos, cada uno sabía lo que tenía
que hacer y solo el nerviosismo y la velocidad con que
se hacía, dejaba esa sensación. Como al final ocurre en
todo buen hormiguero acabó cada cosa donde tenía
que estar. Las sillas de ruedas y los equipajes, como en
un imposible rompecabezas, encajado en el maletero y
nosotros, cada uno en su sitio. Rotos, pero ordenados.
Como siempre, después de muchas horas de viaje, un
buen rato para encontrar el albergue que tocaba.
Deportes humildes habitan en moradas sencillas. Esos
larguísimos minutos se convertían en los únicos
dedicados al turismo. Esta vez, al menos, el humilde
hogar que nos acogería los tres próximos días, tenía un
amplio aparcamiento, lo que era un alivio para
desmontar a los viajeros, deshacer el rompecabezas de
sillas y equipajes y distribuirlos entre sus dueños. No era
tarea fácil y mucho menos si tenía que hacerse en
medio de una calle transitada, como tantas veces
ocurría.
Como siempre, nos esperaban ya los primeros amigos y
los organizadores del torneo. Abrazos, besos y bromas
de todo tipo, formaban parte del ritual de bienvenida.
Pero enseguida, la que seguramente fuera la mayor de
las dificultades. ¡Cómo distribuirnos en las habitaciones!
Las mejor adaptadas para los más averiados. Pero cada
uno de estos con alguien que pudiera ayudarle. Había
que encontrar la combinación mágica y eso que ya
empezábamos a ser expertos en el asunto y más de una
pareja ya tenía una cierta estabilidad, de hecho. En fin
todo un arte de planificación estratégica. Pero en esta
ocasión también fue fácil. ¡Oh milagro! Todas las
habitaciones reunían iguales y magníficas condiciones.
Como siempre, tras la cena se procedía al consabido
sorteo para organizar la competición que mañana
iniciábamos. Pero esta vez durante el postre pasó algo
diferente. Hablábamos los más veteranos y
comentábamos que la única pega a tan agradable
encuentro era que siempre ganaban los mismos. Y de
pronto alguien dijo en alto, “pues cambiemos los
equipos”. El desconcierto fue inmediato. Y el silencio
absoluto en la mesa. Esto rompía con la lógica más
elemental, con el básico orden establecido. Estas cuatro
palabras superaban las locuras más atrevidas.... Venir
de todas partes, algunas de bien lejos, para desmontar
tanta preparación, tanto entrenamiento en equipo... ¡A
quién se le ocurre!
Pero esta vez, como nunca, sin ningún debate, sin la
menor discusión, por falta de argumentos razonables,
solo por impulsos, por corazonadas, por emociones y
tras una risa nerviosa y generalizada empezó la
planificación sobre cómo hacerlo. Que si por sorteo, que
si dirigido, si por votación.... Al fin y ya resignados a ser
absolutamente abroncados, decidimos hacerlo nosotros
mismos. Empezamos a unir nombres agrupando a los
más “flojos” con los más “fuertes”, según los sabios
criterios del improvisado sanedrín.
Como nunca, tras la cena y en la reunión que siempre se
hacía para ultimar detalles de organización, se
anunciaron las novedades, se propuso la locura como
alternativa y como era lógico se alzaron, rápidamente,
voces de protesta, alguna incluso airada. Pero, como si
esto fuera contagioso, en pocos minutos esas airadas
voces pasaron a un simple murmullo, para acabar en un
profundo y porqué no decirlo, desconcertante silencio.
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