Herrera Micaela y Valdez Melina
importantes sectores desarrollaron formas de organización y protesta, que fueron
variando y cambiando a lo largo del periodo.
Resistencia obrera en la Dictadura Militar
Desde 1979, la resistencia tuvo como punto central de movilización, el salario y el
recorte de las conquistas obreras en las condiciones de trabajo. En 1978, fruto de
las presiones internacionales y de la resistencia obrera, el gobierno debió dar unos
pasos atrás en el plano sindical, aunque sin perder el control de la situación. Esos
pequeños avances indicaban que la resistencia obrera se mantenía. Se implantaron
las “comisiones normalizadoras” y la “comisión técnica” que estudiaría la
normalización sindical. Por otro lado, el gobierno había aceptado que una
delegación fuera de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) y que la misma
fuera designada por los gremiales sin pasar por las comisiones que funcionaban en
la CGT (Confederación General del Trabajo de la República Argentina) bajo el
control militar. La CGT había sido intervenida, lo mismo que numerosos sindicatos,
federaciones y regionales; habían sido suspendidas las asambleas y los congresos,
el derecho de huelga estaba prohibido y se había puesto en vigencia la ley de
prescindibilidad, que autorizaba el despido de empleados de la administración
pública.
Por entonces, el terrorismo de Estado había echado mano a trabajadores y
delegados gremiales: según el informe de la Comisión Nacional sobre la
Desaparición de Personas, el 30,2% de los detenidos desaparecidos eran obreros.
La política del régimen de facto instalado el 24 de marzo de 1976, logró que la CGT
estuviera dividida entre “negociadores” y “combativos”. Así, los gremios que
respondían a Ubaldini, crearon en 1979 la CGT Brasil, denominada así por el
nombre de la calle donde efectuaban las reuniones y en la que convergían la
Comisión de los 25, que nucleaba a sindicatos con perfil contestatario como el
gremio cervecero y las 62 organizaciones peronistas lideradas por Lorenzo Miguel.
Del otro lado, la CGT Azopardo, de la mano del dirigente plástico Jorge Triaca, con
Ramón Baldasini (correo) y Ricardo Pérez (camioneros), acercaba posiciones con el
gobierno militar.
La resistencia de los trabajadores empezó a ser una constante que el gobierno
debió enfrentar: los dirigentes políticos empezaban a criticar el plan económico y
exigían la ampliación de las libertades políticas.
En los años en que tuvo lugar la última dictadura militar en Argentina, los sucesivos
gobiernos militares se dedicaron a elaborar y sostener una política laboral coactiva
tendiente a disciplinar y fragmentar un movimiento obrero que se había mostrado en
los años inmediatos con una alta capacidad de presión, movilización y negociación.
Esta política estatal tuvo dos planos: uno de represión abierta y directa y otro
legislativo. Respecto del primero, cabe señalar un periodo alto hasta marzo de 1981,
en el que las FF. AA se abocaron a dos objetivos:
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