Hoy he vuelto a las dos
después de ver el mar
y se ha hecho tarde.
No cabían sus olas en mis ojos
porque iban y venían,
porque no terminaban de marcharse,
porque iban y venían
como mi corazón que va y que viene
y que la piensa siempre que se va.
Ayer hablé con ella,
era al caer la tarde,
y casi comprendí
que la vida es un juego de intercambios
que vienen y se van, como las olas
que se van cada noche,
igual que hace la tarde
que llega para irse.
Casi lo comprendí,
¿cómo creéis si no que sobrevivo?
El corazón, sabéis, al fin y al cabo,
sólo bombea sangre, nada más,
y se calma soñando
mientras la tarde escapa fugitiva.
Julián Borao