Noches Poéticas 00 Noches Poéticas 01 | Page 17

A veces intento ocultarme detrás del hambre de mis sueños...

mientras me preguntas si veo algo en ti más allá de tus ojos,

pero me es difícil matizar si sus reflejos son tiernos o perversos,

y en la duda de mi respuesta, te sumerges en mi boca apresándola con un feroz beso.

Tu sombra me persigue como centinela en la noche,

ya no me quedan compases para tocar el alfabeto de tu cuerpo,

infiltrado quedo entre los desechos de lo carnal y lo viejo,

morboso misterio de sentirme vivo entre las voces de los muertos.

Hasta hablo un idioma inventado que para ocultarlo, cifro,

el inexistente tiempo ya se arroja desde los balcones,

y cuando me acostumbre al cansancio de la espera...

volveré a sembrar mis recuerdos con vuelos de violines,

veletas girando sin viento y mis labios acostados sobre los pétalos de tus besos.

Jamás imaginé que mis uñas desgarraran tu piel desnuda,

ni escuchar el rumor de tu parpadeo, ni que el péndulo del tiempo

enloqueciera, ni que fueras mujer de laberintos, ni que las orquídeas

de mis manos se clavaran entre tus infinitos anhelos.

Quiero desgastar hasta el último de tus dedos, anudarme a tus deseos,

soltarte los cabellos mientras tus "te quiero" se pierden entre preñadas sábanas,

coronarte con febriles palpitares mientras transpiras ardiente mi fuego...

ese fuego que recorre como lava el final de tu espalda.

Interrúmpeme el presente, déjame las riendas de tu bajo vientre,

quiero ser el cochero que arrastre el carruaje de tu pasión sin freno,

miénteme, si es preciso, con palabras prohibidas, no detengas a tus bestias,

cabalga por la noche con tus manos sueltas trotando locas, haz que mi sangre

me queme por dentro queriendo conquistar el aire que conserva tu mirada,

evócame entre susurros para sentir las noches como mañanas.

Mientras la aurora se desploma y el sol se suicida cada tarde detrás de las montañas,

mientras el aire se diluye en mis oidos y los mares huyen de mis decires torpes,

tu fino clavo de mujer crucifica mi alma, incendiándola con tu carne en celo,

y cuando cesan las palabras, entonces...hasta los mares parecen desiertos.

Ese fino clavo de mujer

Manu Rodilla