Te pedí un beso y te fuiste
hacia el otro lado de la mesa.
A veces una mesa
es un abismo infranqueable
en sus dos vertientes.
Algo en tu interior
se apagaba suavemente,
lo vi en tus ojos sin brillo.
El brillo de los ojos dice todo,
habla por sí solo,
cuando el amor está cerca
son relámpagos,
cuando el amor se aleja
callan para siempre
y se dejan apagar
sin ninguna resistencia.
En tu caso el brillo quedó mudo,
distante, ¡se apagó!
como se apaga la cera muerta
en el fondo de un cuenco asesino.
Yo murmuré tu nombre,
pero los murmullos
solo son murmullos,
quedan quietos en el aíre,
quedan quietos en el tiempo.
Murmurar no es decir
con voz potente: ¡te quiero!
Murmurar es apagar,
la voz con el silencio del sufrimiento
en el otro lado de la mesa.
TUS OJOS MUERTOS
(Santiago Liberal)