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Andrea de Cano simiescos en los que se halla caída y a los que se halla vinculada nuestra naturaleza humana-animal. Julius Évola en el libro “Rebelión contra el Mundo Moderno” dice: “impasibilidad, estabilidad, permanece firme e indoblegable, como un monte. Sé inmutable como el cielo mismo y mantén firme el poder de tu puño. Después de la gloria, la centralidad (o polaridad), y la estabilidad, la paz es uno de los atributos fundamentales de la realeza. Se trata de una paz interior y positiva, no separada del elemento “triunfal”, de modo tal de no expresar cesación o pasividad, sino más bien perfección de actividad, actividad pura, entera y recogida en sí misma. Se trata de aquella calma que atestigua lo sobrenatural”. Frente a la miseria soez y la suciedad del mundo moderno, hallamos, como recuerdo de otro mundo más bello y más libre, la cortesía y lo cortés. Esta, la cortesía, tiene su origen en la palabra Corte y se refiere al acompañamiento del Soberano. Y nosotros sabemos que únicamente es Soberano quien es dueño de sí mismo. Por eso las leyes modernas ya no ejercen su función. La cortesía incluye la “urbanitas” o urbanidad (respeto, reglas y normas que rigen el trato social). Además, cortesía implica integridad personal, comedimiento. El hablar cortés es ingenioso, fino, de buen gusto, como el amor cortés de los trovadores occitanos. Elegancia discreta y austera, gracia interior. El espíritu se manifiesta libre de aspectos burdos y vulgares cuando se han exterminado los aspectos simiescos. “La insuficiencia de probabilidades de éxito, sea suplida por la energía que se pone en su ejecución”. (Adolfo Hitler). Pareciera ser algo que pudiera estar al alcance de cualquiera con sólo proponérselo, o con sólo aparentarlo…pero no es así. La cortesía es algo íntegro que emana desde el corazón, el interior de la misma persona: algo que se es: “ser o no ser”. Y esta integridad, como la misma palabra indica, es total y no sólo una faceta de la persona; es un principio que determina la persona totalmente. No puede aparentarse, pues “todo se ve, todo se sabe” y únicamente los incautos ven sólo las apariencias. Tampoco puede alcanzarse fácilmente. Hay personas que, por su naturaleza, están más cerca del “principio”, pero sin esfuerzo e iniciación jamás se alcanza la reintegración de la personalidad. 55