Estos valores, están en todos los miembros de nuestra colectividad, y desde luego, estas palabras no van sólo dirigidas a la mujer, sino a los hombres que les acompañan. Todos los hombres como las mujeres están impregnados de estas ideas que el sistema actual nos va grabando en los cerebros desde niños, por eso se pide respeto, valor y virtud de todo ser humano. Jamás un hombre deberá despreciar la condición de mujer de la cual ha nacido y es. Jamás un hombre con principios y valores deberá hacer sentir inferior a una mujer cuya misión natural y biológica en la vida será la de hacer perdurar su raza y los valores de su pueblo junto al hombre. Ambos se necesitan, ambos se apoyan, ambos se unen, se aman y se respetan en toda dimensión humana. Y jamás una mujer deberá comportarse de manera que sus valores queden ultrajados por una mal entendida feminidad.
“ El objetivo es la conservación de la vida, y no una muerte heroica, ni tampoco una cobarde resignación”.( Adolfo Hitler).
Se puede asegurar que entre el hombre y la mujer celta y todos los pueblos europeos, existió un respeto a los derechos, y en muchos casos la igualdad entre ambos era casi perfecta, factor que tuvo que esperar más de dos mil años para que volviera a resurgir en el resto de Europa. Es una pena mencionar lo contrario en nuestro tiempo actual, cuando en el Tercer Mundo no es posible aún dicho respeto, pues el maltrato hacía las mujeres tanto físico como psicológico es constante; reinando la ley del“ machismo”. Los derechos humanos no se abastecen con la problemática y la sumisión desmedida de la mujer hace esta situación peor.
Los arquetipos con los que se atribuye a lo femenino o a la feminidad, generalmente, son los de creación, fertilidad y abundancia( resumiéndolos en uno solo como: maternidad). Junto a estos aparecen también los de artista pero curiosamente en toda la mitología, se le atribuye la identidad femenina a los dioses de la guerra, la caza y la sabiduría, así como también la imagen de soberanía.
La diosa madre es un concepto innato de la mente humana, anterior incluso al nacimiento, porque la experiencia humana primaria y universal es la de la gestación. Esta idea prenatal, se refuerza después del nacimiento, a medida que la madre nutre a su hijo con alimento, afecto y calor, al tiempo que el bebe depende exclusivamente de ella
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