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Andrea de Cano CAPÍTULO TERCERO LA ESENCIA DE LA MUJER Y SU HERENCIA ANCESTRAL El hombre no es primero sin la mujer, su esencia y estado natural es junto a ella. La mujer en la tradición integralista, no surge de la necesidad de dar compañía al solitario hombre rey del paraíso. No surge de la costilla de Adán mientras él duerme. Surge simultánea y distinta. Partiendo de esta base, la espiritualidad de la mujer integralista viene dada por esta idiosincrasia marcada en la memoria histórica de cada cual, y en la colectiva de todo un pueblo. La mujer integralista, lucha por la supervivencia de su prole sabedora de la fuerza de un pueblo, y la fuerza de un pueblo estriba en su continuidad y la continuidad depende de la procreación y del cuidado de sus hijos y su desarrollo en los valores transmitidos por sus padres desde la infancia. Hablamos pues de la igualdad como personas, como origen y como seres humanos que luchan mano a mano por su pueblo y su cultura, pero no hablamos de igualdad ni biológica ni psíquica, precisamente por la condición física natural distinta de cada uno de ellos que les confiere hormonalmente las diferencias que afectan a su bioquímica cerebral, sin que esto quiera decir que uno sea inferior que otro, simplemente distintos. Si seguimos con la tradición inca, maya, azteca o con la tradición vikinga, germánica, celta o greco-romana; nos encontramos con innumerables ejemplos desde los relatos de la creación a las sagas de los héroes, en los que las figuras femeninas tienen una importancia no solo sobrenatural o divina, sino histórica. Sobre todas ellas vamos a tratar por tal de recuperar la esencia de lo femenino en esta sociedad degeneradora de los valores femeninos ancestrales, en favor de un mal entendido feminismo en el que lo que prima es la igualdad sexual, y que intenta imitar al hombre, algo alcanzable solamente siguiendo una corriente anti natura, castradora y aniquiladora. 45