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Más adelante, toda una ideología de la independencia nacional, de la
libertad denuncia la opresión y la tiranía en sí mismas al mismo tiempo
que la crueldad y las costumbres disolutas que se suponen inherentes
a la etnia dominadora.
Se hace un llamamiento a las etnias amenazadas y se llega a postular
su profunda unidad, nos encontramos con ideologías “utópicas”, que
trascienden la situación real del grupo para dibujar el cuadro de una
situación ideal debería conseguirse mediante la acción.
Cuando repetidas experiencias persuaden de que la rebelión o la
resistencia son inútiles, podemos asistir al desarrollo de unas
ideologías de resignación, de sumisión o incluso de superación. La
sumisión es encomiada frecuentemente a través del elogio de la nación
conquistadora, de sus virtudes, de su “misión”, de los beneficios de la
paz que instaura, de los valores de la civilización que desarrolla en el
seno de su imperio. Si las condiciones culturales y legales no se
oponen a ello, pues estamos sufriendo del abombe de los derechos
humanos, y la libertad de expresión es penalizada inmediatamente con
demandas, fiscalías, juicios, tratando de apabullar las buenas
intenciones, tratando de callar la voz de la verdad, de la moral y los
principios para hacernos súbditos.
Por otra parte, la constitución de una comunidad ideológica
universalista, el mundo comunista, que en un momento determinado se
ha aproximado al tipo imperial, reproduce la dinámica de constitución y
de dislocación de los imperios y las iglesias del pasado. Aspirando a
formar parte de él a cargo de etnias o nacionalidades integradas
políticamente.
Una fuerte tensión entre los grupos puede conducir a un menosprecio
práctico de la unidad étnico-nacional, y más raramente a una
contestación teórica, puesto que resulta más fácil la denuncia de los
grupos enemigos como traidores al comportamiento ideal de la etnia.
Unos conflictos agudos y duraderos con las etnias vecinas pueden
desarrollar unas ideologías de competición o de combate, ideologías
movilizadoras.
El ideal sería que el grupo, el pueblo libre, fuerte y dichoso viva en
armonía y en paz, respetado o servido por los demás grupos. Todas
las tensiones internas y externas desaparecerían. Sí se trata de mitos
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