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Podríamos agregar que el fenómeno OVNI sería una eclosión súbita de otra dimensión sobre la realidad de nuestro mundo espacio-temporal. Existen multitud de testimonios que apuntan a este fenómeno de cosas, en el cual las dimensiones parecían transmutarse e interconectarse. A fin de cuentas, de esto vendría a tratar la cuestión de la “otra ciencia” descubierta por los nacionalsocialistas. Ahí es donde las tropas hiperbóreas aguardan atentas y preparan el cumplimiento de su retorno. Se han escrito muchas líneas refiriéndose a las bombas atómicas y el uranio enriquecido desarrollado por la industria secreta de la Alemania del Tercer Reich. Su utilización por la USA y aliados arrojándolas impunemente sobre las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki (casi exclusivamente sobre decenas y decenas de miles de madres, niños y ancianos japoneses), habría sido posible, según esta línea de investigación, sólo mediante la captura de este material a los alemanes. De igual forma, la “carrera espacial” fue posible, básicamente, gracias al trabajo de científicos alemanes quienes, tras la invasión de Alemania colaboración con el gobierno de la USA. En 1938 un experimento alemán con transmisores de “alta energía” tuvo un efecto que más tarde se haría muy habitual en el folklore OVNI. Por lo visto, en el Brocken (una cumbre famosa por este efecto óptico conocido) y en la cima del Feldburg, cerca de Frankfurt, se fundaron dos “transmisores”. Cuando estos aparatos empezaron a funcionar: “muy pronto se informó de extraños fenómenos ocurridos en las cercanías de la torre Brocken. El motor de los vehículos que circulaban por las carreteras de montaña fallaba de repente” (“Las ciencias secretas de Hitler”). Una vez más, todo hace suponer que en 1938 la Alemania nacionalsocialista estaba experimentando con tecnología que paralizaba motores, un fenómeno estrechamente vinculado con los Ovnis. Además de la ciencia del Tercer Reich se le atribuye la inversión del primer avión a reacción o los misiles guiados por TV entre otros logros. El Tercer Reich desarrolló proyectos y construyó naves o aparatos voladores basados en principios de propulsión desconocidos como los de las diferentes series Haunebu. Ya en 1941 habían sido acometidos estudios para diseñar la “juguete volante” de Schriever-Habermohl, un avión de forma circular y despegue vertical provisto de motores de “reacción convencional”, efectuándose a finales de 1942 las primeras 262