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quienes habitaban la tierra reclamada. En este sentido nadie expresó
esta inexistencia tan elocuentemente como en alguna oportunidad lo
hizo la ex primer ministro de Israel Golda Meir: “¿palestinos? No sé lo
que es eso”.
El sistemático ocultamiento de hechos, la tergiversación de la historia,
los sofisticados ingenios propagandísticos no pueden negar la
contundente realidad que significan los intentos de institucionalización
de las violaciones a los derechos del pueblo árabe de Palestina por
parte del Estado de Israel. “Lo más alarmante y lo que confiere a los
abusos que se cometen en Israel su carácter único, son los incesantes
esfuerzos que hace el Estado para legitimar abiertamente unos actos
ilegales, para justificar lo que no se puede justificar”.
También podemos sumar los esfuerzos colonialistas de Israel que,
desatendiendo a todos los principios de derecho internacional, traslada
asentamientos civiles permanentes en los territorios ocupados,
apelando a recursos legales que van desde la expropiación a
particulares hasta la proclamación de las tierras palestinas como
“tierras del Estado”. De esta manera Israel se ha apropiado de
alrededor del 20% de la franja de Gaza y ha expropiado más de una
tercera parte de Cisjordania a sus propietarios palestinos, en provecho
de los colonos judíos.
Algo similar ocurre con las viviendas. Amparados en una ley que
permite la construcción de viviendas sólo con un permiso otorgado por
el gobierno israelí que los palestinos nunca obtienen y por lo tanto los
obliga a construir sin dichos permisos, el gobierno de Israel ha
demolido más de 2.200 viviendas palestinas desde 1988. En cambio,
ha concedido permisos a miles de edificios construidos sin autorización
en los asentamientos judíos. Características similares presentan las
políticas de expulsión silenciosa de los palestinos de Jerusalén a
través de interminables trámites burocráticos, sentencias judiciales y
normas legales que les niegan el derecho a vivir en la ciudad donde
nacieron.
La pregunta que surge es por qué, a pesar del récord de violaciones a
las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a
los evidentes atropellos a los derechos políticos, sociales y humanos
de los palestinos, Israel no se detiene en sus pretensiones
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