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Andrea de Cano
CAPITULO OCTAVO.
¿QUÉ ES EL FRENTE FEMENINO?
Una de las bases de este pensamiento es la idea racial, es decir,
fomentar la conservación de las diferencias innatas entre las razas a fin
de vivir en un mundo con una mayor riqueza, basado en un criterio de
aprecio y respeto a la personalidad y al desarrollo de cada uno en su
propio ámbito. Así se entiende que tanto el hombre como la mujer son
física y psíquicamente distintos. Estas diferencias no hacen a unos
mejores y a otros peores, simplemente hacen a cada uno apreciable
por las cualidades que le han sido otorgadas como tal. No se cree en la
igualdad que niega las identidades y peculiaridades propias de cada
sexo, pero tampoco en un supremacia sexista. Para potenciar estas
diferencias de identidad se debe llevar a cabo proyectos más acordes
a la sensibilidad femenina, así como tratar de recuperar una visión
natural de la mujer, especialmente en un mundo en que la feminidad se
ha perdido y es denigrada por el machismo feminista, pues el
feminismo no es más que un „machismo de mujeres‟, una pretensión
de las mujeres de no ser mujeres sino ser „como hombres‟.
La mujer ha de ser femenina, trabajadora, honrada, sana, sensible,
alegre; es decir, que ha de poseer aquellas cualidades que la hacen
una „persona elevada‟; pero además de tener la virtud fundamental de
la voluntad y constancia. Pues se necesitan mujeres entregadas a la
causa y al ideal, siguiendo los preceptos establecidos y no
acomodándolos a conveniencias personales. Hoy en día el principal
peligro para los camaradas, de todos los sexos, es el cansancio, el
abandonismo, la relajación en la lucha, provocado todo ello por la falta
de „resultados‟, y el esfuerzo y sacrificio de años y años de lucha.
Teniendo en cuenta que este es un proceso de evolución que avanza
lento, y que por ser tan supremo acoge gente que se acopla a estos
principios de una manera muy pausada, también se debe lidiar con el
temor de las personas al asumir una ideología que está cargada de
malicia y de malas intenciones por parte de los opositores. Por tanto
voluntad y constancia son el problema esencial, y la mujer puede
ayudar enormemente, incluso se podría decir de forma fundamental, a
mantener esa voluntad y constancia, con su ejemplo.
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