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Andrea de Cano
Desde su muerte hasta la caída de Perón, la memoria de esta fue
honrada de manera excesiva por el gobierno, cada día a las 20:25,
hora de su muerte, las emisoras radiales interrumpían las
programaciones para recordar su pasaje a la inmortalidad, también se
envió al vaticano un pedido suscripto por decenas de miles de firmas
para su beatificación. Al morir Evita, su hermano se transformaría en el
único depositario de las cuentas suizas secretas de su hermana.
La educación había sido politizada, los niños aprendían a leer
deletreando “yo amo a Evita”, en los grados superiores leían páginas
de “De La Razón De Mi Vida” (libro escrito por Eva), en la secundaria
hubo profesores de física que hablaban de la constitución peronista
más que de la constitución de la materia, hasta en una universidad de
medicina en Buenos Aires se enseñaba fisiología peronista como
asignatura. El resultado de este antagonismo fue que en 1955 la
celebración del Corpus Cristi se transformó en una manifestación
contra el gobierno. Ese día se llegó a quemar la bandera argentina,
este presunto delito de la oposición, Perón lo atribuyó a los católicos y
el presidente reaccionó expulsando al nuncio papal. Desde que faltó la
astucia, o mejor, las órdenes de Evita, Juan Domingo Perón hizo una
estupidez tras otra. Legalizó el divorcio y reabrió los prostíbulos
cerrados desde hacía 20 años y para empeorar, la última gota fue que
por decreto estableció que los jueves y viernes santos dejaban de ser
días de guardar, volviéndolos laborables.
Mientras Perón se refugiaba en el tercer subsuelo del ministerio de
guerra y lloraba sobre el hombro del ministro de guerra, en una crisis
de nervios, sus enardecidos partidarios incendiaban las centenarias
iglesias de San Francisco y Santo Domingo ante el estupor de la
población mayoritariamente católica. Increíblemente éste era solo el
preámbulo de un golpe de Estado que ocurrió tres meses más tarde
para finalmente destruir a Perón. El 31 de agosto aparece en el balcón
de la plaza de mayo ofreciendo su renuncia, la cual, por supuesto fue
rechazada a viva voz. Le queda mes y medio de dictadura y estrena,
como último aliento, „el estilo hitleriano‟, declaró que por cada peronista
muerto caerían cinco opositores. En la campaña de Rusia, Hitler usó la
formula veinte por uno, en Italia en el 44/45 la redujo a diez por uno.
Tras la caída de Perón en septiembre de 1955 una comisión
investigadora da cuenta de ciertos documentos hallados en la casa de
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