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La acción metabólica de la hormona tiroidea es catabolizante, destruyendo las sustancias orgánicas energéticas, sobre todo glúcidos. La sobreproducción de esta hormona estimuladora del sistema nervioso vegetativo, especialmente el simpático, es la causa del temblor y la agitación. Los síntomas fundamentales del mal de basedow que llama más la atención son el bocio y el esoftalmo, que es la protuberancia ocular, los ojos contribuyen a dar a la cara del hipotiroideo aquella expresión intensa tan característica. Todas las características nombradas son reveladas en las últimas fotos tomadas a Hitler en el bunker en Berlín. El bocio es el engrosamiento de la tiroides a la altura de la tráquea, su hiperfuncionalidad normalmente mínimo duplica su volumen dando un aumento uniforme y simétrico; no es un bocio que no se pueda ocultar como los bocios multinoludares o los derivados de adenomas tiroides que son imposibles de esconder. Se recomendaba, por lo general a quien podía permitírselo, residir en un lugar de montaña. El clima allí intervi ene favorablemente en las anemias secundarias, son beneficiadas por los elementos inorgánicos presentes en los residuos vegetales, que se oponen en un efecto de suelo, el clima de montaña aminora el recambio frenado en la tiroides. El sol molesta a los afectados. También para sustentar esta actitud tan propia, está el hecho de que cultiva minuciosamente su limpieza corporal, y se cambia frecuentemente de ropa y siempre lo hace sin testigos. La misma cuenta que “Hitler tenía una verdadera repulsión de desvestirse frente a cualquiera, en noviembre de 1944 él se había negado bajo pretextos diferentes al consejo del doctor Morell de hacerse una radiografía”. En aquella época el médico se había permitido recordarle, que le había prometido dejarse radiografiar, Hitler había salido con un clásico repertorio delante de los médicos: “¡qué cosa le viene en mente, darme órdenes a mí! ¡Soy yo quién manda acá y ningún otro”! continuando poco después: “yo soy bastante grande para saber lo que debo hacer por mi salud”. Probablemente quería esconder el bocio pequeño, blando, que le forraba la tráquea en la base de su cuello. Efectivamente en todas sus fotos, desde antes de la toma de poder, Hitler siempre aparece rigurosamente con corbata, aún cuando posa en pantalones cortos de 150