Movimiento Integralista Americano Movimiento-Integralista-Americano | Page 118

mundo. Desde esta concepción fundamental surge una nueva y verdadera interpretación de la historia mundial. Ahora ya no calificamos cualquier clase de “círculos de cultura” como un todo; ya no nos afanamos desesperadamente en llevar a un denominador supuestamente común las distintas fuerzas inventando una armonía imposible. Repentinamente reconocida, la lucha entre los diferentes y antagónicos grupos sociales en los que se nos aparece hoy como lo esencial. El principio estatal integralista, que pretendería ser el preámbulo de una nueva constitución, rezaría aproximadamente del modo siguiente: ¡El poder estatal radica en la salvaguardia del honor nacional! Con ello se crearía una propiedad escala de medición para juzgar toda actuación política. Hoy existen partidos cuyas bases rechazan íntegramente la idea del honor nacional y que hasta exigen “el derecho” de la traición a la patria y se hallan dirigidos por sujetos que en un ordenamiento comunitario, se hallarían desde tiempo, atrás los muros de un presidio. Por este motivo toda nuestra vida política es anárquica, carente de estilo, sin meta, siempre vacilante puesto que se halla determinada por mayorías parlamentarias cuyos intereses se excluyen recíprocamente, cuya disparidad es encubierta por compromisos transitorios. En el integralismo aunque, en caminos y ámbitos diferentes, los hombres lucharán por idéntica meta o deberán ser desplazados. Y la meta es y será siempre la misma: la salud, la dignidad y la libertad del pueblo. Ahora bien: sólo pueden estar acordes en la mete los seres humanos que posean afinidad en su modo de ser, sólo aquellos que sean capaces de sentir vívidamente la comunidad de sangre y de destino de todos los pueblos. Por eso, la exigencia de nuestro programa de que sólo los ciudadanos pueden adquirir derechos cívicos, no es una “irrupción de chauvinismo reaccionario” sino la forma más elemental y natural de la auto-conservación. Por el desprecio de esta ley vital sucumbió el viejo Estado, y se hundirá Hispano-américa en su totalidad como unidad espiritual, política y étnica, si no se produce el apartamiento sistemático de los factores extraños-moral y biológicos, lo cual puede suceder solo en una nueva conducción estatal consciente de sus fines. Se ha señalado de modo reiterado que ninguna revolución es duradera y benéfica sin no cumple con los objetivos que se indican: 118