Movimiento Integralista Americano Movimiento-Integralista-Americano | Page 115
Andrea de Cano
en las metrópolis capitalistas, que no entienden ni comprenden nada
de una idea, ni de grandes personalidades, por lo que tampoco son
capaces de valorarlas.
La incomprensión del desarrollo de una nueva y grandiosa voluntad,
hace que más de uno que se ha unido recientemente a la organización
sin estar debidamente consubstanciado con su doctrina, crea
cándidamente que el Partido es un cómodo foro para sus planes a los
que hasta el presente, desgraciadamente, nadie ha prestado atención.
A esta gente, por lo general, les gusta hablar de la “idea”,
imaginándose al respecto sólo los productos de su fantasía, y
consideran al movimiento sólo como objeto de prueba al que urge
incorporar sus geniales tesis hasta hoy son ignoradas. A estos
elementos, obviamente, les resulta sumamente desagradable e
intolerable la personalidad de un auténtico líder, el que aquí existan ya
idea y forma, puesto que esto impide todo intento de asumir una pose.
El sospechoso celo por la “fidelidad de la idea” esconde el propósito de
colocarse a sí mismo en el lugar de los creadores.
Para que una doctrina y esto es una ley interna, pueda llegar a
plasmarse en la realidad y adquirir la dureza del acero, previamente
debe ser llevada por un conductor a través de las llamas del tiempo.
Todo el que es realmente fiel a esta idea insistirá por eso, en la
inseparabilidad del líder y estará acorde en reducir a la más férrea
disciplina a individuos como los de tipo mencionado o, si ellos poseen
el carácter mencionado-en la necesidad de apartarlos sin
consideraciones.
Son precisamente las personalidades más fuertes y más conscientes
de un nuevo y poderoso movimiento espiritual, las que no admiten
hacer de una organización nacida en medio de enormes sacrificios y
dolores, un club de debate público, de personas indecisas, que
confunden palabrería con solución de problemas. La idea está firme,
indisolublemente ligada al líder, de quien brotan las decisiones
destinadas a seres humanos y no a abstracciones sin sangre, que dan
al mundo un nuevo rumbo.
En el reconocimiento interior de la idea singular reside la genuina
exteriorización de la libertad, ésta es, por tanto, la postura interna del
integralismo. La fidelidad como ella es, entonces, la fidelidad a sí
mismo. Y la fuerza de esta idea común se incrementa con el apoyo en
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