Movimiento Integralista Americano Movimiento-Integralista-Americano | Page 114
El pecado de una generación carente de valores se traduce en
catástrofes políticas y económicas-sociales. Necesitamos que se
concentre la fuerza moral en una voluntad férrea para restaurar la ley
de la naturaleza y la ley de toda alma grande, en cuya escala de
valores el lucro no se halla en la cúspide sino que ocupa el lugar más
bajo.
Ya no hay hombres de Estado sino solamente síndicos de consorcios,
monopolios, es decir, sujetos sencillamente comprados, pertenecientes
a la clase de los más despreciables delincuentes, el derecho y los
jueces han sido rebajados a instrumentos del más estrecho espíritu
partidista. Los últimos sostenes de la confianza nacional son de esta
manera socavados por los mismos que gobiernan en una época de
decadencia. De lo contrario, los individuos que frecuentemente
pronuncian conferencias acerca de la economía mundial, deberían
estar sentados en banquillos de presidiario.
Ahora bien: toda gran idea se manifiesta dando leyes. Toda visión de
conjunto verdaderamente grande, es siempre un fruto intelectual y
ético de una personalidad. Una idea necesita una cuerpo para su
representación en este mundo. De este impulso interior se originó el
Partenón como la Sixtina y la novena sinfonía. El ser humano, la idea y
la obra constituyen una unidad espacial-temporal que jamás puede
separarse. Este entendimiento fundamental también es válido allí
donde el hombre es tanto sujeto como objeto, donde la vida humana
fluye, donde un número cambiante, por lo tanto, debe ser encarnación
de un pensamiento. Aquí se coloca en lugar de la obra, por
consiguiente, el hombre mismo.
El movimiento integralista ha experimentado su propia ley, de acuerdo
a la cual se ha presentado, a partir de los primeros días de su
existencia: sangre y suelo, la premisa de toda acción; personalidad, la
coronación de un pueblo, conducción frente a la nivelación
democrática; lucha total y hasta el fin contra el marxismo. De ahí que
ciertos sectores, auténticos enemigos de un levantamiento orgánico
intentan negar desde ese ángulo a la nueva manifestación vital
nacionalista, puesto que después de reconocer aparentemente la
“magnitud de la idea”, atacan al Fuhrer y a los dirigentes del
movimiento. Esto prueba inequívocamente que no estamos aquí en
presencia de motivaciones “ideales”, de “fidelidad de ideas” sino frente
a individuos típicos exponentes de la civilización cosmopolita surgida
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