A medida que se iban acercando al lujoso chalet de la familia Ferruccio, los nervios
empezaban a hacer acto de presencia. Las dos estaban un poco preocupadas por
cómo las iban a recibir. Don Federico tenía fama de tener muy malas pulgas y llevarse
de nuevo a su hijita como presunta asesina de Desiré no le iba a sentar nada bien. El
recibimiento ,como ellas ya suponían de antemano, no fue nada cálido, más bien fue
acalorado porque el padre de Helena al oír que se la llevaban de nuevo para tomarle
otra declaración montó en cólera. Sin embargo, ante la imposibilidad de negarse ya que
hubiera sido un acto de desobediencia a la autoridad decidió dejar de discutir y acceder
pues confiaba de que su abogado haría lo imposible para demostrar la inocencia de su
hija.
Las agentes, de nuevo en el coche suspiraron aliviadas, los dos sospechosos estaban
ya sentados en el asiento trasero camino de la comisaría. Una vez allí, Noa planteó
cómo iban a interrogarlos si juntos o por separado. Mariano argumentó que en un
principio solo iban a tomarle declaración a Helena y Prudencio como abogado debía
estar delante para defenderla. De esta manera el interrogatorio se presentó como los
anteriores, aunque los investigadores sabían que no iba a tener nada de normal. Una
vez los cinco sentados en la sala de interrogatorios Mariano les dio de nuevo la
bienvenida en un tono sarcástico:
Bueno, aquí estamos de nuevo. ¡Ya que tenéis ganas de que perdamos el
tiempo vamos a perderlo! ¡Hasta que no nos digáis algo coherente no váis a
abandonar esta sala de interrogatorios! ¡Nos has tomado el pelo una vez, pero te
aseguro que no nos lo vas a tomar de nuevo!
Creo que estos comentarios están fuera de lugar protestó Prudencio mi
defendida hasta que no se demuestre lo contrario es inocente.
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