como usted acaba de decirnos que se hallaba cazando pues tenemos que
comprobar que no le pertenecen contestó Mariano sereno. La experiencia es la
mejor arma de cualquier guerrero y a él le sobraba.
Don Federico les condujo a un cobertizo que se hallaba fuera de la casa y en el cual
guardaba sus equipamiento de caza. Mientras tanto, Noa llamó al juez para que le
mandase por el móvil una orden judicial, la cual tenía en su poder a los pocos minutos,
para poder confiscar las armas y la munición. Abrió la puerta con cautela, y detrás de él
entraron todos. Le siguieron hasta llegar a un armario acristalado en el que guardaba
toda su colección de rifles de caza desde algunos inservibles por su antigüedad a los
que solía utilizar más a menudo y la munición. Seguidamente, los tres agentes
procedieron a la confiscación de todo el equipo, cosa que no fue del agrado de Don
Federico ya que enseguida les increpó diciéndoles:
¿Os lo vais a llevar todo?¿Pero, que os creéis? ¿Me estáis acusando de haber
cometido el crimen? ¡Tengo coartada, estaba cazando!¡Además sin una orden
judicial no os podéis llevar nada!
Solo es para comprobar e ir descartando, además si està tan seguro de su
coartada, no tendría porqué preocuparse de nada ¿no? respondió Avril
mostrándole la orden judicial no se preocupe que se lo devolveremos todo.
¡Más os vale, porque quien me busca me encuentra! lanzó Don Federico.
Eso es una amenaza preguntó Avril que ya empezaba a estar un poco harta del
trato de toda la familia.
Sin mediar palabra los tres agentes salieron del cobertizo con todo el arsenal de armas
y munición así como con el ordenador de Helena y se dirigieron al coche. Una vez ya
instalados y dirigiéndose a la casa de Sophie se pusieron a hablar entre ellos. Todos
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