Al poco ya habían conseguido la orden judicial que les permitiría confiscar los
ordenadores de Helena y de Sophie, el juez lo había visto relevante para el caso y no
mostró impedimento alguno a la petición. Así que después de tomarse un café y
comentar las sensaciones de los avances, los tres agentes se dirigieron a casa de los
padres de Helena para que ésta les mostrase la copa del mensaje que había recibido
Desiré y les entregase el ordenador.
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