Capítulo VIII
Reanudación de los interrogatorios
Ana no había podido pegar ojo en toda la noche. Se había pasado toda la tarde
colgada al teléfono hablando con su familia. Su marido se encontraba de viaje a
Londres y no llegaría a Alicante hasta el sábado por la mañana. Como ella no se podía
desplazar sería él quien viniese a Peñíscola para estar con ella y prestarle todo su
apoyo pues la había notado muy alterada. Cansada de dar vueltas por la cama decidió
levantarse. No tenía hambre ni ganas de nada, llevaba horas deambulando por el piso
cuando la llamada de la policía la sacó de su abstracción. Los investigadores querían
tomarle declaración de nuevo a lo que ella accedió diciéndoles que estaría allí en lo
que tardase en arreglarse.
A las doce menos cinco de un caluroso sábado de abril se encontraba ya sentada en el
sillón del despacho de Mariano y respondiendo a las preguntas de los tres
investigadores. Que hubiera dos mujeres de edad parecida a la suya la tranquilizó un
poco.
¿Fuma usted? le preguntó la investigadora Noa al observar restos de ceniza
sobre su vestido.
No, no soy una fumadora habitual, pero en ocasiones cuando me encuentro
estresada fumo.
¿En qué consiste su trabajo en el instituto?
Soy profesora de Física y Química
¿A qué hora descubrió el cadáver?
32