que no se acostumbra al olor que desprenden los cadáveres, sólo puede sobrellevarlo
con dos copitas de más. Desde que entró a trabajar, hace ahora cuatro años, en los
servicios funerarios empezó a beber para poder conciliar el sueño por las noches y
poder olvidarse de las muertos: de sus rostros, de su hedor…
A las diez de la noche, Mariano, decide dar por concluida su jornada laboral esperando
que el nuevo equipo de investigación “no le tocara mucho las pelotas”. Antes de
abandonar el despacho, presa de la curiosidad, decide fisgar por internet el currículum
de los nuevas agentes judiciales que le habían asignado para investigar el caso.
Primero que nada buscó a Abril Gutierrez, como la búsqueda por internet no dio
resultados decidió consultar su perfil de Facebook. Se encontró con la foto de una
veinteañera, de pelo claro y ondulado, en la que destacaban unos bonitos ojos
grisáceos con un matiz azul verdoso. Ella hacía la siguiente descripción de sí misma: “
Nunca he sido muy alta, mido 1,63 . Mis amigos me consideran un osito de peluche,
pequeño y manipulable, pero si me vieran en el ámbito del trabajo no dirían lo mismo.
Me dedico al sector de la investigación. Mi trabajo requiere mucha formalidad y
discreción, a parte de mucha entrega. Tengo una niña de tres años, y combinar el
trabajo con la dedicación que requiere el cuidado de un niño es muy difícil de llevar,
sobretodo cuando te encuentras sola para seguir adelante contando solo con la ayuda
de mis padres
”
Ante esa descripción, Mariano se temió lo peor: joven, inexperta, con una niña de tres
años a su cargo…¡menuda se le venía encima!¡Esa investigación nunca llegaría a su
fin!
Ahora le tocaba el turno a la otra investigadora, consultó directamente la descripción
que ella misma se hacía en su perfil de facebook:
Me llamo Noa González, tengo 35
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