los demás, en lugar de comprender que la verdadera causa está en
nuestra propia ignorancia. Con mis libros siempre he intentado
animar a la gente a perder el miedo a escuchar a su alma y reco-
nocer aquello que está mal, el mundo no podrá evolucionar si no
estamos dispuestos a dudar de lo que no nos convence. Lo fácil es
limitarse a tomar prestados los puntos de vista que nos ofrecen los
partidos políticos, pero la verdad solo se encuentra cuando esta-
mos dispuesto a apoyar solo aquello que cada partido tiene de
verdadero y rechazar el resto. A nadie se le puede pedir que se
ponga en primera línea en la lucha contra la mentira, pero al me-
nos se les puede pedir que no colaboren con ella. Tampoco debe-
mos caer en el error de culpar a los políticos de todo lo que nos
pasa, porque la mediocridad humana es culpa de todos y no solo
de ellos, porque el bagaje intelectual de un político solo es el re-
flejo del bagaje intelectual de quien le vota. Es cierto que en mis
libros repito con frecuencia los mismos argumentos, pero creo
que es mejor repetir diez veces una verdad, antes que decir una
sola mentira. También es cierto que algunos de los temas comen-
tados en este libro pueden resultar confusos para el lector, pero mi
consejo es que cuando una cosa no se tiene clara lo mejor es man-
tenerse firme en los puntos de vista presentes, porque para cam-
biar de opinión ya se tiene el resto de la vida.
FIN
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