lo que es la responsabilidad. Antes de juzgar a Dios debemos juz-
garnos a nosotros mismos, porque como decía Jesús, el que esté
libre de pecado que tire la primera piedra. En realidad Dios, solo
es el conjunto de leyes que rigen el universo, pero esas leyes han
sido creadas por todos los seres vivientes que lo forman incluidos
nosotros mismos, lo que ocurre es que esto no lo recordamos por-
que al reencarnarnos como hombres, solo podemos recordar los
hechos de nuestra limitada vida humana, pero no lo vivido por
nuestro espíritu con anterioridad. Esto sucede porque para poder
vivir mejor la aventura de la existencia como hombres, y el proce-
so de evolución tecnológico, es necesario no mezclar ambos pla-
nos. En realidad olvidamos los hechos de nuestras vidas anterio-
res, para poder vivir con más intensidad la vida presente. Porque
una vez el ser humano alcance su madurez tecnológica, el nivel de
progreso del universo y el humano se igualaran, y entonces ese
periodo de oscuridad propio de los mundos en desarrollo solo será
una anécdota olvidada. Es necesario aceptar esta gran verdad uni-
versal en lugar de quejarnos, y empezar a utilizar nuestra capaci-
dad creadora para hacer de este un mundo mejor.
El hecho de que exista la justicia universal, no significa que no
tenga sentido la justicia humana, pues la justicia universal tan so-
lo se refiere al hecho de que todos los acontecimientos posibles,
serán vividos por todos, y por lo tanto todo lo que hagamos a los
demás, tarde o temprano nos ocurrirán a nosotros mismos. En
cambio la justicia humana lo que hace es actuar como un medio
de prevención, pues al castigar a los criminales provoca que los
delitos disminuyan, contribuyendo a crear un mundo mejor. En
cualquier caso tampoco es cierto que los accidentes se deban atri-
buir siempre a un comportamiento negligente en una vida presen-
te o pasada, pues en un mundo cambiante y en plena evolución, es
normal que se produzcan accidentes, pues estos son la consecuen-
cia no deseada que tiene el hecho de olvidar, porque cuando un
ciclo cósmico comienza, el universo parte de una situación de to-
tal ignorancia, esa ignorancia tiene como efecto no deseado la
existencia del mal o los accidentes, pero a cambio nos ofrece la
grandeza de descubrir el universo de nuevo en toda su grandeza,
como si nunca lo hubiéramos visto antes, aunque en realidad esa
repetición del universo sea indefinida y eterna. Sin embargo, una
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