cidad creadora, empezando por dudar de todo, porque solo así el
mundo puede evolucionar. Porque si estamos dispuestos a reco-
nocer nuestros errores, primero sentiremos el malestar de la incer-
tidumbre, pero luego la satisfacción de sentirnos más fuertes, al
estar más cerca de la verdad. Mis libros son por lo general breves,
pero a la vez intensos. Por ello, considero más adecuado dividir-
los en lecturas cortas, para que sea más fácil su entendimiento. Yo
creo que se equivocan quienes miden un libro por su tamaño, pues
lo que verdaderamente importa es el valor de su contenido. A ve-
ces la dedicación a la filosofía absorbe a una persona por comple-
to, impidiendo el lógico deseo de tener una pareja, o formar una
familia, pero para un filósofo su mujer es la filosofía, y sus libros
son sus hijos, y trata de que estos crezcan con la misma ilusión
que un padre haría con sus hijos.
FIN
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