EPÍLOGO
Es cierto que en mis libros repito con frecuencia los mismos ar-
gumentos, pero cuando veo que hay demasiada gente que solo se
preocupa de entretenimientos vanos, sin dedicar apenas tiempo
para reflexionar y buscar la verdad, me produce la motivación ne-
cesaria como para insistir en el deseo de despertar sus concien-
cias. Mucha gente no comprende, que la meditación puede hacer
más agradables nuestras vidas, al permitirnos entender mejor el
mundo que nos rodea. Como todo el mundo cometeré errores, pe-
ro al menos tengo la disculpa de buscar la verdad sinceramente.
Es cierto que mis libros son sobre todo un ejercicio de deducción
y meditación y no de análisis técnicos, pero es que en eso consiste
precisamente la filosofía, en las deducciones que hacemos con
nuestra mente, en base a los conocimientos adquiridos. Las ideas
y conclusiones expresadas en mis libros son el resultado de mu-
chos años dedicados a la investigación y son muchos los datos
científicos que he tenido en cuenta y que me han ayudado a apro-
ximarme lo más posible a la verdad. También es cierto que no se
debe cometer el error de subestimar un libro por ser fundamen-
talmente el fruto de la meditación deductiva, pues sin esa medita-
ción no habrían sido posibles muchos de los descubrimientos que
hoy en día conocemos. Es cierto que el mundo está lleno de escri-
tores pseudocientíficos sin talento, que solo pretenden ganar dine-
ro contando mentiras, y que disfrazan su ignorancia con extensos
viajes por el mundo, para tratar de aparentar una cultura que no
tienen y hacer más creíbles sus afirmaciones. Yo en cambio
ofrezco mis libros de forma gratuita para quien los quiera leer,
siendo mi único interés el bien común y el progreso de la huma-
nidad. En mis libros, no suelo tener demasiado en cuenta las re-
glas ortográficas, es cierto que en parte son errores, pero también
en parte son diferencias deliberadas. Por ello, me parecen despre-
ciables aquellos que juzgan a las personas basándose solo en co-
sas superfluas, sin molestarse en analizar los detalles. Es un grave
error obstinarnos en mantener las reglas establecidas, porque con
el cambio de los tiempos y las ideas, aquellas cosas que hoy con-
sideramos verdades inmutables, mañana serán consideradas equi-
vocaciones. Por ello, es necesario que despertemos nuestra capa-
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