MIS HISTORIAS MARRUECAS LIBRO de HISTORIAS MARRUECAS | Seite 118

encontraba creo que en Extremadura o Valencia). También conoció a David, el hebreo que tenía a su cargo la guardia de noche en el Hotel. Al camarero gitano, que no recuerdo su nombre y a las sirvientas musulmanas, tres el total, a las que les tenía yo gran aprecio por su lealtad con nuestra familia Tuve la ocasión de poderle enseñar la zona del Hotel, su preciosa Avenida Sidi Alí Bugaleb, donde está la pequeña ermita de Latla Fatma la “Andalusía” del año 1245, la calle Real, con sus pequeños bakalitos en alto, a un lado y otro de su estrechísima callejuela, la pintoresca Mezquita Bad el Oued del s.XII, con su minarete, los Zocos…El de la Leche, del carbón, etc., el Cine Galdós, el Teatro Astoria y los diferentes Bares, El Alhambra, el Bar de Barranco, El Plata, y la Intervención Militar, donde trabajaba como soldado escribiente y que recordé de nuevo con mucho gusto. Mi hermana Isabel no se encontraba en su casa de Alcazar, debido al fuerte calor, se encontraba en Arcila, a unos 40/50 kilómetros, en una casita junto a su preciosa playa, donde todos los años alquilaba para no derretirse en su casa. Con ella estaban María Isabel y José Eduardo, este último era un “pequeñajo” más travieso que el “Vínculo”, como decimos en Cabra. En todo el día, que no paraba un momento y por la noche con su “Chupa” y su manta moruna para dormir, que no faltara. Un día, con Pepe Espinosa, mi querido cuñado, pusimos rumbo a la Playa de Arcila. En Alcazaquivir no se podía dormir debido al calor de la noche, en esos y tiempos no había aire acondicionado y era imposible abrir una ventana en plantas bajas por miedo al robo o cualquier otra barbaridad, no estaba la situación del nuevo país para “tirar cohetes”. En Arcila pasamos unos días divinamente, este pueblo era una delicia, sus playas un encanto y muy tranquilas, agua 118