sensibilizar a algún funcionario, allí iba Gutiérrez a predicarle su evangelio, levantando la voz y
golpeando escritorios.
Cada tanto me traía ejemplares del periódico de la Iglesia Universal, porque –me explicaba- “habla
de alimentación…los chicos tienen que saber estas cosas… los jóvenes son el amor al futuro”.
¿Por qué Gutiérrez?
La historia de Agustín Gutiérrez da para hacer una película, y quedarían explicados muchos hechos y
personajes de la historia argentina. Los yanquis hicieron una película así, pero el personaje de la
película, Forrest Gump, es ficticio. En cambio Gutiérrez es real.
Andando con él, mientras nos íbamos conociendo, aprendí que cada persona está hecha de muchas
historias. Y empecé a ver esas historias. Por ejemplo la de Pastor Vallejos, otro vecino del Barrio
Illia que ha pintado y tallado toda la
historia de las culturas andinas, al
punto que su casa parece un umbral a
otra dimensión. O la historia de
“Sánchez”, tan bien contada en el
libro de la FM Bajo Flores. O la de
Pato Miranda, la de Rita, la de la
uruguaya, la de Viviana Ferraro, la de
Cristina, la de egresados que viven en
EEUU, en Canarias (España), que son
funcionarios de gobierno en Bolivia, o
la de Cintia –primera alumna que
discutió por la escuela en el Palacio
Municipal, luego de haber cortado
Avenida de Mayo (1997): “ustedes
nos desprecian porque somos de la
villa”- o la de Evelin que leyó una
carta escrita con sus compañeros ante
el presidente Kirchner en el gimnasio de la escuela (22/08/2003).
Si aprendemos a escuchar, historias es lo que sobra. No historias ficticias sino bien reales. No de
personajes sino de personas que están al lado nuestro cada día. A veces no es fácil relacionar las
historias de cada uno con la historia grande. Pero la dificultad no está en cada historia que se cuenta,
sino en los lenguajes diferentes del que cuenta y el que escucha.
Por ejemplo, la mayoría de los docentes escuchábamos con disgusto la cumbia villera y queríamos
que los chicos gustaran de otras cosas. Pero en esos años de fundación de la escuela, el único espacio
de expresión de las poblaciones sin tierra, eran la cumbia y el piquete; y la única música que hablaba
del día a día y los sueños de los jóvenes, era la cumbia villera, aún en los barrios conchetos.
Pero a los adultos, nos lleva más tiempo aprender y entender.
Un día sentí que había cumplido un ciclo (1996-2005), y me fui de la escuela. No me fui solo sino
con una compañera, Luciana, primera preceptora del turno mañana. Tenemos dos hijos varones.
Besos y abrazos para todas/os. Eugenio
Buenos Aires, 22 de agosto de 2003
Sr. Presidente Kirchner:
Sabemos que Ud. no nos conocía, que también ignoraba por completo el plano en el que vivimos los
estudiantes del colegio EMEM N° 3. Paso a contarle: la escuela, fuera de todo lo que dicen los demás, es
la mejor para nosotros, ya que gracias a ella nosotros podemos seguir estudiando y en un futuro no muy
lejano enfrentarnos a la vida. Esta escuela está compuesta por directivos, maestros, secretarios, etc.; pero
lo más importante somos nosotros, los estudiantes, que les estamos muy agradecidos por haber hecho
posible el boleto estudiantil para los chicos de 1° y 2° año.
También le cuento que nosotros nos consideramos chicos especiales, aunque por la gente de afuera