diferentes tradiciones iluminaban la fría y oscura noche del Bajo. Algunos quemaban trastos viejos
para hacer lugar a lo nuevo, otros las cosas malas que le habían ocurrido en el año y otros los buenos
deseos para el año venidero. Muchas eran las fogatas y muchos los sueños y dificultades que se
elevaban esa noche con el humo. Al conjunto de las organizaciones del barrio que trabajábamos
buscando transformar la realidad de los jóvenes nos pareció un símbolo valioso para ser rescatado. Y
poniendo manos a la obra, a los significados preexistentes en nuestra fogata se le añadieron nuevos.
Queríamos hacer una fogata que permitiera unir pibes de diversos lugares del barrio. Que fuera
itinerante y pudiera a su paso quemar fronteras, que respetara la diversidad de orígenes y tradiciones,
pero que permitiera juntarnos
en una acción en común y nos
proyectara como colectivo.
Que hiciera visible en el lugar
del barrio donde se realizara
un deseo, una dificultad, una
lucha que se daba en ese
lugar. Que fuera obra de todos
y que no excluyera a nadie por
pensar distinto. Con el correr
del tiempo se sumaron nuevos
actores permanentes como el
Coopa, el PAEByT, PAFB, el
Centro de Día La otra base de
Encuentro, el Instituto de
Tiempo libre y Recreación, el
Club de Chicos, el Centro
Cultural del Bajo Flores, la
Orquesta
Juvenil
y
la
Universidad Popular Madres
de Plaza de Mayo, que con el
mismo espíritu fueron aportando a la construcción. En todo este tiempo hubo fogatas en diversos
lugares del barrio, como en el Emen 3, el Centro Cultural del Bajo Flores, el Coopa y la Parroquia
María Madre del Pueblo. En cada lugar, lograron con su fuego impulsar la lucha por alguna
reivindicación. Algunas fueron muy festivas, otras con un dejo de nostalgia en el recuerdo, por ser
casi la anteúltima acción pública del Padre Richardelli. Pero sin duda todas nos han servido para
reconocernos en la acción, sentirnos menos ajenos y plantearnos horizontes conjuntos. A la luz de los
últimos 10 años de historia de nuestro país, la fogata aparece como un claro símbolo de un nuevo
modo de hacer las cosas frente al arrasamiento que había impuesto el neoliberalismo, buscando un
mejor mundo para todos/as. Pusimos también en relieve que las fronteras no son necesarias, que hay
que superarlas, atravesando las barreras del miedo y la discriminación; para afirmar un camino de
solidaridad entre los vecinos del barrio. Dando vida y poniendo en acto a consignas históricas que
orientan nuestra práctica: “En el Bajo Flores pasan otras cosas” y “Lo malo queda atrás”.
También podemos disfrutar al comprobar como continúa una tradición, ya que los hijos de los
primeros concurrentes vienen hoy junto a sus padres.
Es por todo lo dicho que entendemos a la fogata de San Juan que se realiza en el bajo flores como un
mensaje de esperanza que puede ser compartido.
Por todo lo antedicho es que solicitamos el reconocimiento de la Legislatura de la Ciudad de Buenos
Aires como un modo de amplificar y difundir el espíritu que anima este encuentro.
Sin otro particular, saludamos atentamente.
Organizaciones firmantes: Emen nº 3, Coopa, Centro de día la otra base de encuentro, Centro
Cultural del Bajo Flores, Club de Chicos y Jóvenes .y Proyecto Adolescentes Bajo Flores