MIRADAS DEL SUR - BAJO FLORES | Page 18

La actividad de los cirujas disminuyó a medida que fueron mermando los envíos de basuras al bañado. Estos personajes fueron llamados con más propiedad linyeras debido a sus hábitos solitarios y nómadas, el atado con sus cosas que siempre portaban consigo. Sus precarios cobijos estaban construidos con ramas, cartones y chapas sobre el suelo más firme. Otras cosas que se rescataban del vaciadero eran alimentos, muchos de los vecinos se acercaban al correrse la voz cuando algún camión volcaba los decomisos. Algunos testimonios de vecinos… (…) Lleno de agua estaba, nosotros tuvimos que pedir camiones para echar tierra y así hicimos un lugar grande. Después sembramos maíz, papa uh! cómo hemos producido choclo! (Pablo) (…) esto era un basural que para la Municipalidad no tenía ningún valor, (…) era un lugar descampado donde habías ratas, basura, más que basura, lagunas de pudrición (…), porque en realidad lo que no se quería era a los pobres en la ciudad. (Pastor). LA CHANGA El rezago de metal recibía el nombre de changa y los pibes del Bajo Flores frecuentemente iban en su búsqueda en franca competencia con los cirujas. Periódicamente “barrían” el bañado recolectando culotes de bronce de lamparitas, tramos de cañerías de plomo, ollas, pavas y otros objetos de aluminio, restos de cables eléctricos que se quemaban allí mismo para que el cobre quedara libre de goma, tela o plástico y todo elemento que podía venderse en los depósitos de metales. El taco aguja de las mujeres de los años cincuenta se fabricaba en aluminio por lo que se transformó en una pieza muy codiciada. Ni hablar de las manijas de bronce de los ataúdes, que también solían encontrarse en el vaciadero; aunque muy esporádicamente.