Ismael Sierra Estrada Cuando ya iba saliendo de la casa, mi hermano venia entrando y me dijo:
“ Bueno Ismael. Por ahí me mandó razón el señor, el vecino del caño, para hablar. Que me espera en el aeropuerto. Que él va pagar el gasto para que lo saquen para Villavicencio.”
Y así nos fuimos los tres hermanos y dos más. Éramos 5.
Salimos para la pista. Ellos también eran cinco. Pero con lo que yo tenía que era un revólver, me sentía mal. Porque yo nunca me ha gustado utilizar revolver. Siempre pistola 765 porque me gusta las armas automáticas. Mis favoritas, y pegaba muy bien con eso.
Al frente de dos avionetas de la pista de Miraflores, venían ellos, venia subiendo. Nosotros bajando. Y ese tiempo en la pista de Miraflores mantenía 20 o 25 avioneta diario. Aviones DC3 hasta 8 aviones salía o llegaba. El pasaje barato y la coca valía. Y la plata cuando circulaba billete de doscientos verdes y azules.
Desde mi niñez, cuando llegué a conocer las vidas de los colonos, o sea los blancos, más que todo en el tiempo de caucho, y el tiempo de los pieles. Yo nunca había visto en mi vida circular tanto billete, por maleta o por bultos.
Lo más raro era que no lo sacaban de caja agraria, sino que lo traían de afuera.
Y me di cuenta de que uno vale según como tiene.
La vida de los blancos, el que tiene billete o plata vive bien, y es la chagra de ellos.
Nos pasa como nosotros los indígenas. Cuando nosotros tenemos todos alrededor de nuestro territorio o terruños, estamos rodeado de chagras de yuca, piña, plátano, caña, maduraverde, caimarones, chontaduros, batata, tabena, chonque. Cuando un indígena tiene todo esto es un rico.
Está rodeado de todo, y más cuando es mariscador. Cuando él le gusta pescar, cuando él va a casería, cuando él va a veranear, y trae toda clase de comida.
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