Vemos también lo grande y lo pequeño en el cielo y en la tierra. Os
damos gracias, pues, por habernos creado, ¡oh Creador y
Formador!, por habernos dado el ser, ¡oh abuela nuestra!, ¡oh
nuestro abuelo!, dijeron dando las gracias por su creación y
formación.
Acabaron de conocerlo toda y examinaron los cuatro rincones y los
cuatro puntos de la bóveda del cielo y de la faz de la tierra.
Pero el Creador y el Formador no oyeron esto con gusto.
- No está bien lo que dicen nuestras criaturas, nuestras obras; todo
lo saben, lo grande y lo pequeño, dijeron. Y así celebraron consejo
nuevamente los Progenitores: - ¿Qué haremos ahora con ellos? ¡Que
su vista sólo alcance a lo que está cerca, que sólo vean un poco de la
faz de la tierra! No está bien lo que dicen. ¿Acaso no son por su
naturaleza simples criaturas y hechuras [nuestras]? ¿Han de ser
ellos también dioses? ¿Y si no procrean y se multiplican cuando
amanezca, cuando salga el sol? ¿Y si no se propagan? Así dijeron.
- Refrenemos un poco sus deseos, pues no está bien lo que vemos.
¿Por ventura se han de igualar ellos a nosotros, sus autores, que
podemos abarcar grandes distancias, que lo sabemos y vemos
todo?
Esto dijeron el Corazón del Cielo, Huaracán, Chipi-Caculha, RaxaCaculhá, Tempeu, Gucumatz, los Progenitores, Ixpiyacoc, Ixmucané,
el Creador y el Formador. Así hablaron y en seguida cambiaron la
naturaleza de sus obras, de sus criaturas.
Entonces el Corazón del Cielo les echó un vaho sobre los ojos, los
cuales se empañaron como cuando se sopla sobre la luna de un
espejo. Sus ojos se velaron y sólo pudieron