Grupo de trabajo 3 Siria tras las conferencias de Astaná
Siria. De hecho, la única razón que tanto Arabia Saudí como Estados Unidos han afirmado tener para plantearse el enviar tropas sobre el terreno es precisamente para ayudar al ELS en su lucha contra DAESH, llegando incluso el Estado saudí a proponerse como mediador de la ONU en las negociaciones que tuvieron lugar en Ginebra. A pesar de ello, muchos creen y piensan que tanto Estados Unidos como Arabia Saudí han aprovechado la lucha contra DAESH como una excusa para poder intervenir militarmente en Siria. Hay que ser conscientes de la doble acción que hace el autodenominado Estado Islámico en el conflicto sirio. Si bien el grupo terrorista supone una amenaza tanto para los opositores como para sus aliados en su amenaza global, lo cierto es que también es un elemento de desgaste para el gobierno sirio, que también se enfrenta al DAESH. Primero fue Estados Unidos, y ahora Arabia Saudí se ha unido también a la estrategia de dejar que el DAESH ayude a hacer caer el gobierno de Bashar al-Ásad para, tras la caída de éste, deshacerse del grupo terrorista, sin olvidar en el proceso los propios intereses del gobierno saudí, como es el caso de su posición geoestratégica en el ámbito económico y religioso. De hecho, Turquía actúa también en la misma línea que Arabia Saudí y Estados Unidos con respecto al DAESH y sus propias agendas, y aun así Arabia mantiene sus recelos hacia el gobierno de Ankara por razones históricas al haber sido territorio otomano hasta la I Guerra Mundial. En cualquier caso, ambos países musulmanes han contribuido a armar a algunos grupos yihadistas implicados en el conflicto como el Frente Al-Nusra y el propio DAESH, y prueba de ello es que se abstienen de atacar ciertas rutas de abastecimiento de ambas organizaciones. En este sentido, y es otra de las mayores preocupaciones de Arabia Saudí, el armar a los militantes salafistas puede provocar la caída del orden Baaz de Siria, haciendo que los extremistas trasladen el conflicto a Jordania, y después a Líbano e Iraq. En el caso concreto del país gobernado por la casa Hachemí, Jordania, un Estado clave en el eje Estados Unidos / Israel / Arabia Saudí, su futuro es una preocupación central para las autoridades saudíes.
Conclusiones: Si bien los saudíes están encantados de ver al principal aliado de Irán frente a una amenaza potencialmente existencial, Riad debería ser prudente a la hora de reconocer que la pérdida de Irán no tiene por qué hacer avanzar sus intereses en Oriente Medio a largo plazo necesariamente. El sueño de los saudíes es que el conflicto sirio evolucione de manera similar al de Saleh en Yemen, con un nuevo liderazgo que apoye al gobierno de Riad. En cambio, su pesadilla, y la de muchos otros en la región, es que Siria se convierta en un Estado talibán como el de Afganistán, y en la coyuntura actual en la que Arabia Saudí no es capaz de controlar la financiación que sale de sus fronteras para armar a los extremistas, este último escenario parece el más probable.
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