Mi primera revista Siria tras las Conferencias de Astaná | Page 24
Grupo de trabajo 3
Siria tras las conferencias de Astaná
Arabia Saudí en el conflicto :
La implicación de Arabia Saudí en la guerra civil siria no ha hecho sino añadir nuevos peligros a la
situación de conflicto de Oriente Medio, que asiste al horror de una guerra que se extiende en toda la
zona al tiempo que la economía de la región sufre golpes por culpa de la caída de los precios del
petróleo. En todo este panorama, Siria se encuentra en el medio, siendo objeto de una lucha enconada
entre las principales potencias de la región.
A la hora de analizar el papel de Arabia Saudí en el conflicto sirio, en el cual se encuentra en el bando
de los rebeldes junto a Estados Unidos, habría que explicar cuáles son los intereses del país. Lo
primero que uno podría pensar es en el plano económico, dado que este Estado del Golfo Pérsico es
uno de los más ricos del mundo. Arabia Saudí, al igual que el resto de países árabes de gran riqueza de
la zona, ha amasado su fortuna gracias al petróleo, siendo perfectamente consciente de que su
economía depende en muy alto grado de este recurso energético, y por eso su principal objetivo es
cambiar su estructura económica de forma que, sin renunciar a la riqueza que este recurso aporta, le
permita dotarse de otros sectores productivos que permitan que su economía se mantenga cuando el
pilar del petróleo se tambalee, ya sea por agotamiento o por los lances de la propia economía.
Para la consecución de este objetivo, el país ha desarrollado un plan económico de enormes
proporciones. Entre las medidas a tomar, podríamos destacar la acción inicial que el monarca árabe,
Salmán bin Abdulaziz, ha tomado al destituir a Alí al-Naimi, ministro del Petróleo, y nombrando en su
lugar a Jaled al-Falih, anterior ministro de Salud. Al-Naimi llevaba más de veinte años en el cargo, y
tanto su destitución como la de otros ministros coinciden con el interés de Abdulaziz por fortalecer la
economía de su país con su mastodóntico plan de reformas económicas que se anunció en mayo de
2016 junto al programa de instrucción y propaganda religiosa. Todo esto remite a un deseo del Rey y
la familia real saudí: convertirse en la potencia regional dominante a nivel económico y religioso no
sólo en Oriente Medio, sino también en África y Europa, pues no olvidemos los intereses de Arabia
Saudí en Bosnia, a través de la Conferencia Islámica y del papel especial que le otorga ser la guardiana
de La Meca y Medina, las ciudades santas musulmanas y, por tanto, grandes centros de atracción de
turismo y, por ello, también de dinero.
Sin embargo, esta razón no parece ser suficiente para justificar la entrada de Arabia Saudí en Siria, y
es por ello que hay que analizar el aspecto geoestratégico a nivel político y religioso.
El conflicto sirio fue uno de los últimos en nacer a causa de la Primavera Árabe. Durante las
sublevaciones den Bahréin, Egipto y Túnez Arabia Saudí se posicionó claramente como un actor
contrarrevolucionario al Despertar Árabe. Sin embargo, al proporcionar una vasta y extensa ayuda
financiera y de armamento a los militantes que luchan contra el gobierno de al-Ásad, se ha alineado
con las fuerzas que promueven el cambio de régimen. El papel de Arabia Saudí en el conflicto está
impulsado por un lado por varios objetivos regionales y otros nacionales: destruir la alianza Siria-Irán
para distraer a la población saudita de los problemas internos para asegurarse evitar que la experiencia
afgana de los años ochenta no se reproduzca en el Levante.
Bajo el liderazgo de Hafez Assad desde 1970 hasta el año 2000, la política exterior siria tuvo como
uno de sus pilares fundamentales la conservación de una alianza equilibrada entre Irán y Arabia Saudí,
ya que Siria buscaba contrarrestar la fuerza de Israel en la región y propagar así también su influencia.
No obstante, con la invasión estadounidense y la posterior ocupación de Iraq, la guerra del Líbano en
2006 y el proyecto de Irán, Iraq y Siria para construir una línea de tuberías para gas y petróleo, los
lazos sirio-iraníes se hicieron más profundos, lo que a su vez deterioró las relaciones con Arabia
Saudí. Para rematar la crisis en las relaciones entre ambos Estados, cuando Bashar Al-Ásad llamó
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