Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 844
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María Eugenia Anguiano Téllez
migratorio. Al interior del territorio comunitario se extendió la vigilancia
más allá de los puertos del ingreso y se expandió la red de control a emplea
dores y autoridades locales (López Sala y Esteban Sánchez, 2010).
Solamente en España, país considerado como puerta de ingreso a la
Unión Europea de inmigrantes africanos y latinoamericanos, entre los años
1985 y 2005 fueron aprobadas cinco leyes para regular la entrada, residen
cia y trabajo de la población extranjera, transitando de un enfoque sobre
derechos y libertades de los extranjeros a una orientación sobre control de
flujos migratorios y lucha contra la inmigración irregular. Esas leyes inten
sificaron los controles fronterizos y diversificaron los mecanismos de con
trol interno para contratar trabajadores inmigrantes y otorgar permisos de
estancia y residencia de extranjeros (Pérez Caramés, 2012). Adicionalmen
te, en 1999 el gobierno español aprobó la creación del Sistema Integrado
de Vigilancia Exterior (SIVE) con un presupuesto de 150 millones de euros
por cinco años (Carling, 2007). En el año 2003, el SIVE contaba con 10 239
efectivos policiales en fronteras e inmigración, incrementado su número a
15 710 agentes en el año 2008 (Pérez Caramés, 2012:178).
A pesar de las tendencias recientes en las políticas de control de fronteras
y su pretendida disuasión de la migración no autorizada, como afirma
Wayne Cornelius: “las tendencias del mercado privado y la demografía casi
invariablemente prevalecen sobre los efectos de las intervenciones del go
bierno en la migración internacional”, y agrega: “los ciclos económicos son
el instrumento más eficaz para controlar la inmigración ilegal a Estados
Unidos” (Cornelius, 2012:32, 42). Por ello, la reciente crisis económica pa
rece haber disuadido a los inmigrantes en sus planes, al menos temporal
mente.
L os inmigrantes frente a la crisis económica
Durante su centenaria historia, la migración mexicana a Estados Unidos
ha sido predominantemente de carácter laboral, al igual que las corrientes
migratorias de extranjeros que llegaron masivamente a España en los últi
mos 25 años procedentes de África, Latinoamérica y Europa del Este. Con
el colapso de los sectores inmobiliarios estadounidense y español, que
en ambos casos precedieron a la crisis financiera global y a las crisis y rece
sión económicas actuales, la demanda laboral cayó aceleradamente en sus
respectivas industrias de la construcción, afectando a un amplio número
de trabajadores empleados en ellas, mayoritariamente inmigrantes extranje
ros (Passel, 2011; Mejía y Castro, 2012; Herm y Poulain, 2012; Fernández-
Tabales y Cruz, 2013). Como anotan Herm y Poulain: