Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 823

Derechos humanos de los migrantes 823 cuentemente, desde esta perspectiva se clasifican los flujos migratorios en ‘deseables’ y ‘no deseables’ en nombre del ‘desarrollo’ de acuerdo a su carác- ter ordenado/desordenado, voluntario/forzoso y reducido/masivo” (Dome- nech, 2008:69). P olítica migratoria de (des) protección a los migrantes En este primer cuarto del siglo XXI México es uno de los países con mayor cantidad de emigrantes internacionales, principalmente a Estados Unidos, lo que obligaría al Estado y sus gobiernos a una atención integral del fenó- meno migratorio, incluyendo a la migración de tránsito, a la de migrantes provenientes de los países del Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA: El Salvador, Guatemala y Honduras), así como de otros países que utilizan a México como corredor de paso al vecino país del norte. El desprecio del Estado frente a la migración ha conducido a la inexistencia de políticas públicas migratorias de carácter integral que se orienten, por una parte, a revertir las causas generadoras de expulsión de población y, por otra, a atender la multiplicidad de consecuencias que la expulsión, el paso, el destino y el retorno generan a los migrantes y a la sociedad mexicana en ge­ neral, superando programas y acciones de poca trascendencia social que suelen ser utilizados para provecho político y electoral. Este reto de una política pública migratoria no debe girar en torno a la conveniencia y los be­ neficios que aportan los migrantes con sus remesas a la economía del país; debe ser integral, que incluya lo económico, políticas sociales, regiona- les, desarrollo social y familiar que garanticen la protección y la defensa de los derechos humanos de los migrantes y sus familias. En nuestra perspectiva, la política migratoria en México mantiene una falla en su origen que consiste en no tener en cuenta las sinergias per­ manentes en lo laboral, lo espacial y lo geográfico de la movilidad humana de los centroamericanos con México y con Estados Unidos. Un México expulsor de población, que a su vez sirve de corredor migratorio, con mi- gración circular y con migración de retorno, no debe desarticular esas com- plejas y profundas dinámicas de la migración con políticas restringidas para los de casa. La escasa política migratoria de los diferentes gobiernos de México ha sido coyuntural y de respuesta tardía frente a las políticas de Estados Unidos. A finales de la década de los ochenta del siglo pasado, el gobierno esta- dounidense intensificó políticas antimigratorias y campañas que destacaban los aspectos negativos de los inmigrantes, obligando en sentido político al gobierno mexicano a impulsar programas dirigidos a los migrantes, los cua-