Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Página 74

74 Jorge durand L a era de los braceros (1942-1964) La era de los braceros duró 22 largos años, no sin sobresaltos, marchas y contramarchas, entre ellas: los desacuerdos anuales cada vez que se renova­ ban los convenios; el diferendo de 1947 con la respuesta unilateral de Es- tados Unidos de “secar mojados” y la respuesta mexicana de pretender cerrar la frontera; la deportación masiva de 1953 con la “operation wetback” y el final abrupto del programa en 1964. Algunos estudiosos proponen dos periodos dentro de esta fase: cuando la contratación se hace con participación directa del gobierno estadounidense; y luego cuando el programa pasa a ma­nos de los empleadores y sólo hay supervisión oficial. Como quiera, el factor reclutamiento es esencial en este periodo. Es la demanda la que lleva la voz cantante y es el principal componente del dinamismo migratorio. Un reclutamiento oficial por parte del gobierno estadounidense y negociado con su contraparte mexicana. El modelo migratorio puede definirse a partir de cuatro rasgos: legalidad, temporalidad, masculinidad y ruralidad. Pero las “consecuencias no anti- cipadas” de la política migratoria matizan significativamente el modelo y ponen en evidencia un patrón migratorio que incluye a la migración indo- cumentada y la incursión fuera del mercado de trabajo rural. Lo único que quedó del modelo, en cierto modo, fue la circularidad que estaba implícita en la temporalidad de los contratos. L a era de los indocumentados Paradójicamente, el proceso migratorio durante la fase indocumentada transcurre en Estados Unidos sin mayores sobresaltos y es un periodo en que la comunidad mexicana de origen gana posiciones con el movimiento chicano y el sindicalismo de César Chávez. No así en México, que entra en una nueva fase en 1968 con la masacre de Tlatelolco, el fin del llamado mi­ lagro económico-mexicano y el resquebrajamiento progresivo del monolítico Partido Revolucionario Institucional. Es hasta mediados de la década del setenta que México toma conciencia de que el crecimiento económico ha- bía llegado a su límite, que el sistema político necesitaba reformarse y que el desproporcionado crecimiento poblacional le iba a cobrar la factura en un futuro cercano. Las décadas del setenta y ochenta serían explosivas en cuan­ to a flujos migratorios, en un contexto en que ya no había muchas razones para quedarse, ni mayores impedimentos para cruzar la frontera. Es el periodo de “la política de la no política” en ambos lados de la frontera, una fase en que ambos gobiernos dejan las cosas como están y mantienen, sin