Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 675

Familias fracturadas: la dinámica migratoria irregular 675 rencia de estatus migratorios entre los cónyuges, de los padres en relación con los hijos, o entre hermanos; crean distintas jerarquías y desigualdades notorias entre los miembros de la familia. Este esquema puede ser con­ siderado cuando se analizan otras regiones del país y para la situación de los mexicanos en Estados Unidos. Los hogares monoparentales —muchos encabezados por mujeres, los constituidos por personas divorciadas— o que formaron otra familia, así co- mo las uniones de facto, son sectores con un alto grado de indefensión ante los requerimientos necesarios para cualquier trámite migratorio. La ines- tabilidad de los proyectos migratorios en semejantes condiciones se com- bina con la inestabilidad matrimonial, las disoluciones de los vínculos de pareja, la formación de nuevas uniones, la violencia doméstica y las difi- cultades específicas entre los hermanos. La obtención de la documentación que garantiza la residencia legal para un miembro de la familia no significa lo mismo para otros —por lo menos en un tiempo y condiciones razonables—, a pesar de los discursos que en- fatizan la reagrupación familiar como un derecho inalienable: Mi papá llegó como indocumentado hace algunos años. Cuando tenía año y medio en Estados Unidos le aconsejaron: “Si tú dices que llevas muchos años aquí no te van a deportar”. En aquel tiempo era más fácil. Pero él tenía mucho miedo y dijo que no tenía familia ahí. Entonces él consiguió sus papeles y nosotros no (Testimonio CUNY, 14 de septiembre de 2017). Además, la larga trayectoria de la migración mexicana transporta al reduc­ to estadounidense una figura tan grata para la sociedad mexicana: la fami- lia extensa y, especialmente, la presencia de los abuelos. También tíos y primos, y otros parientes o allegados (como los compadres) amplían el uni­ verso de los recursos familiares para enfrentar la crisis que viven los migran­ tes actualmente, pero ellos pueden estar sujetos a los riesgos propios de dicha situación. Cohn y Passel (2016) indican que 60.6 millones de estado­ unidenses viven en un hogar multigeneracional, definido como un hogar en donde cohabitan dos o más generaciones. Y concluye: después de su dis­ minución constante, a partir de 1980, la convivencia en un hogar de varias generaciones se ha recuperado y aumentado considerablemente después de la recesión de 2007-2009. Además, los hispanos y los afroamericanos son el subgrupo más proclive a vivir en hogares multigeneracionales. Los datos indican la quiebra del modelo de autonomía individualista con el que parecía transitar orgullosamente la sociedad de Estados Unidos y su hegemonía, sumergiéndola en una crisis que la empobrece, aumenta la des­ igualdad entre sus diversos sectores y entre los que son ciudadanos y a los que se les niega este derecho.