Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 366

366 Fernando E. Villegas Rivera, Arturo Santamaría Gómez de un nuevo mandato presidencial. Este escenario se muestra cada vez más probable durante la actual administración de Trump. Aunque este programa ha beneficiado sustancialmente a un grupo mi- noritario de inmigrantes indocumentados y para algunos ha significado un avance, la realidad es que el panorama para la gran mayoría de los in- migrantes sin documentos es sombrío, incluyendo a los actuales “DACA- mentados” (DACAmented), como se les ha llamado recientemente. Este tipo de medidas solo refuerzan el binario del “inmigrante bueno” versus el “in- migrante malo”, que perpetúa un discurso esencialista, donde sólo los inmi­ grantes que demuestren atributos extraordinarios son merecedores de alcanzar algunos beneficios. En cambio, aquellos que no encajen en el modelo construido por el Estado, son entes carentes de derechos de ningún tipo y, por tanto, deportables (Nicholls, 2013; Gonzales, 2014; Lauby, 2016). Conscientes de esto, los dreamers han ido modificando su discurso, razón por la cual adoptaron el lema Undocumented and Unafraid (Lauby, 2016). A este respecto, Nicholls (2013) realiza un análisis teórico que nos ayuda a entender de mejor manera el cambio en la estrategia. Con base en entrevistas con integrantes del movimiento, encuentra que este nuevo dis- curso enfatiza el estado ambivalente en el que viven estos jóvenes, es decir, ellos son indocumentados, pero también son “americanos”. La relevancia de este argumento radica en que ahora se confronta la idea tradicional de lo que es ser “americano”, haciendo alusión a su estado intermedio (in- between) y rompiendo con el modelo tradicional del “buen inmigrante”. A su vez, los jóvenes indocumentados incorporan un elemento interseccional en su lucha, es decir, su identidad no es exclusivamente la de un inmigran- te indocumentado estadounidense, también son parte de la comunidad lésbica, gay, queer, transexual, son mujeres, personas de color y demás identidades. Cada una de estas identidades implica vivencias distintas, que a su vez pueden generar mayor opresión sistémica. La lucha interseccional es entonces, una lucha más amplia (ibid.). Mayor seguridad = mayor criminalización hacia los inmigrantes: después de 2006, las redadas efectuadas por la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE) se han incrementado significativamente en los lugares de trabajo de los inmigrantes, casas, es- cuelas e incluso iglesias. El número de deportaciones ha mostrado incre- mentos constantes desde la administración de George Bush, llegando a su máximo con el presidente demócrata Barack Obama (Bloemraad, Voss y Lee, 2011) y manteniéndose estable, aparentemente, con Donald Trump. No obstante, bajo la actual administración, el número de arrestos a inmi- grantes indocumentados ha aumentado en un 38% en comparación con el