Mi primera publicacion VOLUMEN 20-MIGRACION-VERSION DEFINITIVA-17-MAYO-20 | Page 1011

Entre dos polos migratorios 1011 sultados igualmente viejos y, lo peor, equívocos. Veamos algunos ejemplos de conceptos que es necesario cambiar porque encubren más que descu­ bren realidades: migración de retorno, coyote, pollero, traficante de mi­ grante, estaciones migratorias donde se “asegura” a migrantes extranjeros indocumentados y porosidad de la frontera. El problema migratorio de México no está tanto en la población mexi­ cana que voluntariamente retorna al país, que es poca en número y por lo regular con proyecto de vida, sino en la cifra creciente de la población ex­ pulsada de Estados Unidos, que es el número mayor, sin proyecto de vi- da en México y con la intención de retornar de cualquier manera a aquel país donde residía, o incluso donde nació. Llamar repatriados a los expul­ sados es más que un eufemismo: repatriar supone un acto voluntario a un destino decidido por la persona, en los tiempos y formas elegidas por dicha persona. De ser así, la política gubernamental o pública puede servir pa- ra facilitar ese retorno y acogida. Empero, si esas políticas se quieren aplicar a expulsados que quieren retornar a Estados Unidos, entonces hay un equí­ voco garrafal que el propio migrante será el primero en rechazar. La preci­ sión conceptual es básica para evitar el error político, al menos en este caso. Si con el término repatriado se quiere evitar el conflicto, hay un error en lo internacional y nacional: a Estados Unidos no le importa que México llame expulsados a quienes así han sido tratados en Estados Unidos de acuerdo con su marco legal o acción migratoria consecuente, aunque a la mayoría de esa población expulsada, por facilismo y rapidez administra­ tivos, se les haga firmar un documento de salida “voluntaria” de Estados Unidos. Si esa salida es legal, ordenada y segura, México se da por satisfe­ cho. Así ha ocurrido y, cuando ha habido algún abuso notoriamente públi­ co, lo más que ha hecho el gobierno mexicano es presentar una nota de protesta, algo totalmente intrascendente para la autoridad estadounidense. La otra parte del error es que al evitar el concepto preciso no se abona a la conciencia social del acto expulsor que, al llamarlo por su nombre, puede facilitar la construcción de conciencia ciudadana y defensa de sus derechos dentro y fuera del país; quizá ese riesgo de que se forme una ciudadanía consciente detenga la acción gubernamental que la favorezca, pues al tiem­ po esa ciudadanía empezaría, como ya lo hace, a cuestionar el actuar de los funcionarios del Estado. Otro caso que ejemplifica es el del uso indistinto de pollero, coyote y traficante de migrantes. Las palabras tienen más contenido del que a simple vista parecen tener. Pollero, por ejemplo, tiene un referente rural al hablar del pollo, del pequeño animal que sigue a su progenitora, la gallina: donde ésta va, aquél también va. De ese hecho y proceder campirano y animal, apren­ de la sociedad, pues justamente eso es lo que hacen los migrantes pollos al