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V olumen 55 (2018)
Si como dije en aquella ocasión al contestar el Discurso de Ingreso, que esta
Real Academia “luce con orgullo sus mejores galas cuando recibe públicamente
a un nuevo Académico de Número”, para él aquel orgullo significo mucho más.
Para Pelegrín, no solo se trataba de recibir a un nuevo Académico, sino que
era, además, el ver cumplido un sueño que venía amasando desde hacía tiempo.
Era poder contemplar que su propia historia no terminaba, sino que se perpetuaba
en el tiempo, y que era su hija ¡la Niña!, la encargada de realizarla, de continuarla
y de llevarla a su culminación.
Por eso, ese día del mes de mayo del año pasado, lo vivió con un profundo
espíritu de agradecimiento. Agradecimiento en primer lugar a Dios que le había
permitido ver cumplida esa ilusión, y en segundo lugar a sus colegas, el Señor
Presidente y los Ilmos. Señores Académicos, al haberle procurado esa tan grande
satisfacción.
Cómo se dice en lenguaje coloquial, aquel día “tiró la casa por la ventana”, y
de su alegría hizo partícipes a toda su familia, a todos sus amigos y a los vecinos
de Castromocho y Valdunquillo.
¡Queridas Regina, Camy y Mercedes! Sé muy bien, porque lo viví junto a
vosotras, la cantidad de malos ratos que pasasteis en la última semana de Hospi-
tal. Y también sé, y eso es algo que entra en parámetros de normalidad, que desde
el día 8 de septiembre lo tenéis muy presente y que lo echáis mucho de menos.
Por eso, yo quiero ahora pediros perdón por si con mis palabras, mal hilva-
nadas, he removido recuerdos y sentimientos que os hayan hecho sufrir.
¡Sabéis de sobra que esa no es mi intención! Pero con solo decirlo no basta.
Espero tener oportunidad de demostraros mi amistad, al tiempo que os trasmito la
seguridad de que podéis contar conmigo, siempre que lo necesitéis
¡Y ahora sí que de verdad termino! Y lo haré, como si de un “brindis al
cielo” se tratase, recomendándoos a las tres que repitáis cantando la letra de este
corrido mexicano, cuando los recuerdos quieran convertirse en algo doloroso: “Y
te seguiré queriendo hasta después de la muerte; no te creas que es mentira que
muerto también se quiere; yo te quiero con el alma y el alma nunca se muere”.
Señor Presidente: He Dicho.