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A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid
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Luego, en un pasaje especialmente emotivo y entrañable de su Discurso,
fue “recreándose en la suerte” para describir en breves trazos, todo lo que le
habían dado y cuánto había recibido, de cada una de las personas que formaban
parte de su entorno familiar. Las frases de admiración y de agradecimiento, dedi-
cadas a su padre, a su madre y a su hermana Camy, fueron especialmente sinceras
y cariñosas.
Quizás sin pretenderlo, pues lo hizo de una manera espontánea, la Profesora
Martínez León realizó una descripción magnífica, del papel primordial que tienen
los valores morales, en el seno de la familia. Y continuando en esa misma línea
argumental, es oportuno que ahora recordemos aquí, que esos valores morales
son los valores de la persona humana en cuanto tal.
De sobra es conocido que, como afirmaba San Juan Pablo II, “la familia ha
sufrido quizá como ninguna otra institución, la acometida de las transformacio-
nes amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura”.
En estos tiempos tan convulsos que nos ha tocado vivir, la familia aparece
tremendamente desdibujada, pues se ha pretendido sustituir su genuina naturale-
za, por caricaturas más o menos aproximadas.
Se está intentado reemplazarla por otras formas de convivencia que, según
se piensa, son más acordes con la tan manida postmodernidad.
Desde muchos foros se insiste qué la idea de un compromiso duradero es
algo incompatible con la vida actual. Qué ese compromiso queda roto en el mo-
mento en que se termina la “ilusión”. Qué para un verdadero equilibrio emocio-
nal, se impone como necesaria una diversidad que asegure una acertada elección.
Todas estas teorías y las correspondientes situaciones de ellas derivadas, han
tomado en nuestro tiempo carta de normalidad. Y aunque en algunas ocasiones
hay que aceptarlas como un mal menor, no es menos cierto que los frutos que de
ellas se derivan, resultan bastante decepcionantes, cuando no problemáticos.
Por eso es necesario y muy conveniente que, a la hora de plantearnos un
concepto de familia y un análisis de nuestra sociedad, utilicemos el método cien-
tífico que no el emocional, pues “la ciencia está llamada a ser una aliada de la sa-
biduría”, como también señalaba S.S. Juan Pablo II en la “Familiaris consorcio”.
Una sabiduría y una experiencia que, después de tantos siglos, con tantas
y diferentes culturas y con tantas crisis históricas han demostrado, más que so-
bradamente, el hecho de que la familia está basada en el matrimonio y no en la
simple convivencia.
¡He de ir concluyendo! Pero no quisiera terminar sin dejar de mencionar lo
que supuso para Pelegrín, el ver a su hija Mercedes ocupar un Sillón en esta Real
Academia.