Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Page 450
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V olumen 55 (2018)
lo había dado todo por nosotros. Desde entonces el recuerdo de ese día y de esa
noche ha permanecido imborrable en mi memoria.
Soy hombre de fe y estoy plenamente convencido de que Dios es el Señor de
la Historia y que, respetando la libertad humana, la dirige tanto a nivel personal
como colectivo. Por eso no creo que fuese ni la casualidad ni el acaso, los que
hicieron coincidir, el mismo día y a la misma hora, ambos acontecimientos.
¡Quién me iba a decir que hoy, veintiséis años después, volvería a evocarlos
con fuerza, al ser yo quien sube ahora a esta Tribuna para rendir homenaje, con
emoción y con pena, al compañero y amigo que nos dejó hace unos meses! Por
haberlo facilitado y permitido Sr. Presidente, le ruego acepte la expresión de mi
más profunda gratitud.
Por aquel entonces, mi trato con el Dr. Martínez Baza, se limitaba al respeto
que me merecía un antiguo Profesor y al leal compañerismo institucional de quie-
nes éramos colegas en el Hospital y en esta Real Academia.
Pero el trabajo junto a Mercedes en la Comisión Deontológica del Colegio
de Médicos, con la “Niña” como la llamaba cariñosamente, y después el conoci-
miento del resto de la familia, fueron las circunstancias que hicieron posible que
aquella relación, cordial pero distante, diera paso a una serie de contactos más
frecuentes y más cercanos.
La familia Martínez León con una generosidad que me abrumaba, y que
todavía me sigue abrumando, me abrió de par en par las puertas de su casa. Y lo
que había empezado siendo un simple trato educado y amable, concluyo en una
amistad. En una amistad, con Pelegrín y con todos los suyos, que ha ido creciendo
con el tiempo y que, sin duda alguna, su última enfermedad contribuyó de manera
decisiva, a hacerla más intensa.
A lo largo de todos estos años, muchos han sido los ratos de conversación
que hemos mantenido, sobre diferentes y variados temas: la religión, la política,
la universidad, la Academia, la medicina, la familia, la vida y la muerte. Y créan-
me si les digo que ¡también hablábamos de toros!
Sé de sobra que el hecho de que yo diga que hablo de toros no les supone a
ustedes extrañeza alguna, pero que hablara de toros el Prof. Martínez Baza… ¡ya
les puede resultar un poco más sorprendente!
¡Pues sí!, aunque les resulte sorprendente hablábamos de toros y, de cuando
en cuando, se pavoneaba de tener en el hall de la casa familiar de Castromocho
la cabeza, altanera y orgullosa, de “Desertor” de la ganadería de Miura, que fue
lidiado por el diestro zamorano Lorenzo Pascual “El Belmonteño”.
Como suele suceder en todas las conversaciones amistosas, unos temas eran
más trascendentes y otros de menor importancia; en unos coincidíamos plena-
mente y en otros disentíamos. Pero siempre latía en el ambiente el sentido de la
amistad, el deseo de pasar un rato agradable y un gran respeto mutuo. La con-