Mi primera publicacion ANALES 2018 FINAL FINAL p | Page 443

A nales de la R eal A cademia de M edicina y C irugía de V alladolid 443 las autopsias para conocer la verdad sobre las muertes accidentales y de aquellas otras muertes naturales que los médicos no habíamos sabido explicar. Esa opinión inicial y necrópsica de la asignatura cambió radicalmente cuan- do comenzamos a leer las primeras páginas del libro de texto del Prof. Gisbert Calabuig. La tanatología, la de las autopsias y todo lo referido a la muerte, era solo una parte ínfima de la asignatura. Había mucho más temario sobre vivos que sobre muertos… Había que estudiar Antropología; Biología forense; Dere- cho médico, Genética forense, Psicología y Psiquiatría forense y sus derivaciones delictivas; Odontología forense con todas las técnicas de identificación basadas en las dentaduras y la Toxicología, la temible toxicología, estudiando los tóxicos gaseosos, los sólidos y los líquidos y especialmente los medicamentosos sin olvi- dar al alcohol como droga consentida…. Quizás, ante tal amplitud de temarios, irán Vds., comprendiendo el moti- vo por el que tantos estudiantes de Valladolid viajaban por la ruta del Moncayo cuando el Dr. Cabeza y posteriormente también el otro “hueso”, el Dr. Pelegrin Martínez Baza, exigían el conocimiento “a fondo” de todas estas materias. Dominándolas y aplicándolas seguramente comenzarán a comprender la cantidad de conocimientos que Pelegrin pudo almacenar en su cerebro y valorar mejor la categoría personal y la obra de un hombre que fue médico forense desde 1962 hasta su jubilación, o sea durante más de medio siglo. La medicina forense se denomina así, por ser en la antigüedad en los foros o tribunales donde se desempeñaba esta disciplina. Fundamentalmente y en la práctica de los juzgados, los forenses tienen que dictaminar en conflictos de todo tipo. Y ya que estamos entre médicos, no olvi- demos los que nos pudieran afectar por una mala praxis profesional. Y por ello los forenses tienen que informar a los jueces sobre si sus compañeros actuaron o no con la responsabilidad debida en casos concretos de reclamaciones. Y hago este inciso porque Pelegrín, como forense, tuvo algunas actuaciones periciales en asuntos en los que se dirimía la correcta o incorrecta actuación profesional de algunos médicos, asuntos en los que no le faltaron críticas. Debo decir, no obstante, que solo en contadas ocasiones un informe o peri- taje de Pelegrin sirviera para fallar en condena severa hacia un médico. Siempre trató correcta, pero justamente, a sus compañeros. Es inevitable que, como en todo pleito, dejara buen sabor en una parte y todo lo contrario en la otra…Estoy seguro, y sobre todo, después de conocerle, que Pelegrin sufrió en su interior el sentimiento de tener que peritar en contra sobre actuaciones de médicos que le- galmente resultaron incorrectas. Era su obligación hacerlo. Y la mía decirlo aquí y ahora… Otra actividad forense es la determinación de las causas y mecanismos de la muerte, cuando éstas son de origen violento. Quizás sea la actividad más re-