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V olumen 55 (2018)
Reproducción Asistida. Estamos hablando de técnicas de hoy solo que analizadas
por él hace 27 años.
Y para terminar esta parte, no puedo dejar de citar sus trabajos sobre Tó-
xicos, Intoxicaciones y Drogadicción, quizás sus temas preferidos. En especial
sobre intoxicaciones laborales con plomo, y, sobre todo, con drogas haciendo
especial mención de los aspectos delictivos que la drogadicción puede entrañar,
aspectos que también hoy constituyen un problema social de primer orden.
Durante su actividad académica dirigió 11 Tesis de Licenciatura y 23 Tesis
Doctorales, habiendo publicado 4 libros.
Y por investigar, como curiosidad les diré que Pelegrin formó parte de la
comisión científica sobre los restos mortales del Conde Pedro Ansúrez para iden-
tificar y confirmar su pertenencia al fundador y repoblador de Valladolid.
Asimismo, publicó trabajos de naturaleza antropológica sobre otros restos
de ilustres personajes de nuestro entorno como Luis de Quijada, Magdalena de
Ulloa y Doña Inés de Salazar estudios que se conservan en los Archivos de la
Colegiata de Villagarcía de Campos.
Como resumen apresurado podríamos decir que Martínez Baza, investigan-
do creó Ciencia.
Por lo expuesto, y por lo mucho que me dejo en el tintero, Pelegrin dejó
una ingente obra basada en la investigación en medicina legal, dotándola de un
sentido humanístico o lo que es lo mismo, amando al hombre, comprendiendo
al hombre, sintiendo al hombre y, sabiendo del hombre. Y me permito añadir un
adjetivo: comprendiendo, sintiendo y sabiendo tanto del hombre “vivo” como del
hombre “muerto”.
Y con el ansia de “saber sobre el hombre muerto” enlazo con la segunda
faceta de la Obra de Pelegrin Martínez Baza: la de su dedicación a la medicina
forense.
Cuando comencé el contacto con esta asignatura, tenía la impresión de que
la Medicina Legal era la asignatura de las autopsias. La del “saber sobre el hom-
bre muerto…” Andaba por aquellas fechas y por la Facultad de Medicina un
curioso personaje que dormía en una sala común del antiguo hospital y al que ca-
riñosamente le llamaban “El Macabro”. Con alguna dadiva monetaria o enólica,
Julián “El Macabro”, de profesión Mozo de autopsias, te llamaba a las autopsias
y podías de esta forma, hacer méritos ante el terrible Dr. Cabeza. A más autopsias,
pues … más méritos. O sea, menos posibilidades de viajar a Zaragoza….
Este personaje, de novela de Allan Poe, era uno de los asiduos ayudantes
de Pelegrin, y de los forenses en general, en las autopsias judiciales aparte de los
internos de la asignatura, no siempre disponibles a ciertas horas...pero hay que
reconocer que, gracias al “Macabro”, pudimos reunir experiencias, no siempre
agradables, en este campo y, sobre todo, aprendimos a valorar la gran utilidad de